En el momento en que Ibón Gogeaskoetxea llegó a la vivienda, los agentes españoles y galos organizaron un puesto de seguridad en torno a la misma. Querían controlarle y saber a quién estaba esperando. Para ello, fue de especial utilidad el seguimiento por satélite que realizó el Centro Nacional de Inteligencia (CNI).
Fuentes consultadas por El Confidencial Digital explican que la presencia en solitario del presunto dirigente ‘militar’ de ETA hizo sospechar que se iba a producir una reunión inminente. De acuerdo con los datos que iban llegando a los mandos se llegó a la conclusión de que a ese encuentro acudirían altos dirigentes de la cúpula etarra.
Concretamente, según las fuentes conocedoras de la operación, estaba previsto que en cualquier momento allí se presentase el menor de los hermanos Gogeaskoetxea, Eneko. Los expertos le consideran como uno de los ‘motores’ de la actual banda terrorista. Se le sitúa al frente del aparato logístico, quizás el más estratégico y activo a día de hoy. Y también el que más ‘varapalos’ policiales ha recibido en los últimos meses.
En ámbitos de la lucha antiterrorista circuló el comentario de que la operación iba a ser “histórica”. La comparaban con la de Bidart de 1992, en la que se detuvo a la por entonces cúpula de la organización.
Pero los agentes comprobaron con cierta sorpresa cómo a la cita con Ibón Gogeaskoetxea no acudía su hermano pequeño, sino dos personas que en nada se la parecían. Eran Beñat Aguinagalde y José Lorenzo Ayestarán.
Ante las sospechas de que iban a dividirse y quemar el vehículo que tenían en posesión para eliminar las huellas, los agentes decidieron irrumpir de noche en la casa y capturarles.