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Jueves, 20 de julio de 2006
Gabriel Moris Noguera
Rebelión cívica contra los gobernantes
(16) Comentarios
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En España y creo que en la gran mayoría de los países de nuestro entorno y quizás del mundo, existen unas organizaciones sociopolíticas que se estructuran "grosso modo" de la siguiente manera: en primer lugar, unos dirigentes políticos y sociales que son los encargados de dirigirnos y "facilitarnos" la vida al resto de los ciudadanos. En segundo lugar unas clases medias y trabajadoras que constituyen el auténtico soporte social y vivencial del país. Finalmente, existe un grupo marginado, al que todo el mundo pretende cuidar y ayudar pero que, en la práctica, permanece aislado del resto de la sociedad; como además, numéricamente no es muy significativo, su peso específico en el electorado no tiene ninguna repercusión en los comicios ni en las decisiones comunitarias; sencillamente, constituyen un grupo marginal para el resto de la sociedad.
 
Posiblemente este análisis resulte un tanto simplista pero creo que, con matices, podría servirnos como base para el análisis que hago a continuación. El servicio que un sistema democrático debería prestar al país sería el buscar el bien común partiendo de un verdadero equilibrio de fuerzas y de concurrencia de necesidades y de pareceres. Es cierto que la responsabilidad última de las políticas que deben hacer posible el mejorar las vidas individuales de los ciudadanos, recae fundamentalmente en los poderes públicos, representados por el conocido trinomio que todos repetimos con bastante frecuencia (poderes judicial, legislativo y ejecutivo). La prensa, omitida adrede anteriormente, debería ser la voz de la ciudadanía en general pero me temo que tampoco es así, salvo en muy contados casos.
 
El buen funcionamiento de una democracia debe responder a una coherencia y un equilibrio, entre las necesidades sentidas y demandadas por el conjunto de la sociedad, incluidas las clases sociales más marginadas, y los resultados de las acciones que las clases dirigentes presenten a los ciudadanos que les dieron su confianza para conseguir dichos fines. ¿Ocurre esto en todos los casos? ¿Se exige a dichos representantes que realicen un balance sistemático de su gestión? ¿Los ciudadanos, hacemos este análisis como paso previo al ejercicio democrático de depositar nuestro voto en los comicios? Si la respuesta es negativa, estamos dando pié a que los incumplimientos de nuestros representantes sean algo que admitimos como parte del sistema y ello nos puede llevar a la frustración y por tanto a invalidar, como norma de convivencia, algo que, intrínsecamente es bueno, pero que, nosotros, todos, lo hacemos perverso y lo devaluamos.
 
Hay acciones y decisiones que por su naturaleza, por su grado de importancia o de urgencia, pueden ajustarse a los plazos electorales. Otras, en cambio, no resisten el paso del tiempo: Quiero aludir a dos asuntos concretos que estos días están en el candelero; me refiero a la "Investigación de los atentados del 11-M" y a la "negociación" con la banda terrorista ETA-Batasuna. Ambos asuntos creo que revisten un carácter urgente, tanto por la importancia de su contenido como por la importancia de los plazos. Unas actuaciones inadecuadas en ambos casos pueden tener repercusiones irreparables para la convivencia ciudadana y para los principios que conforman dicha convivencia. En estos casos, los colectivos cívicos han alzado su voz, haciendo valer sus derechos y deberes constitucionales, ante lo que consideran un disparate por parte de los tres poderes que conforman nuestro estado de derecho. A nadie se le oculta la acogida que dichos poderes públicos han dispensado a estas demandas legítimas y razonables.
 
¿Qué hacer ante este distanciamiento entre dirigentes y el pueblo que los eligió? ¿Hay mecanismos dentro de nuestro ordenamiento jurídico y constitucional para remediar lo que es apremiante? Cuando esto sucede, cuando el pueblo soberano no encuentra ni diálogo, ni eco, ni escucha a sus justas reivindicaciones, precisamente en estas circunstancias es cuando la rebelión cívica cobra su auténtico sentido. Esperar otros dos años para reflejarlo en las urnas puede ser un suicidio colectivo. Con el riesgo añadido de que los "pacifistas de nuevo cuño" produzcan otro "accidente" para actuar sobre la voluntad ciudadana.


Comentarios de los lectores
XLuis XLuis  (24/01/2007) 12:51 p.m.
La Audiencia Nacional ha ordenado que se declaren la existencia y ubicación de todas las muestras recogidas en los trenes y se aclare donde están ubicadas. Así mismo ha ordenado que se realicen los analisis NO REALIZADOS hasta ahora. Sanchez Manzano reconoció al Juez del Olmo que no habían realizado análisis, que su laboratorio es una castaña pilonga, que no es experto de desactivación ni de explosivos y que en la comisión del Congreso dijo Nitroglicerina, componente del Titadyn. Si volveis por aquí, algunos deberían pedir excusas a D. Gabriel Moris. Seguro que las acepta si lo hacen con sinceridad.
Pepito Grillo  (06/08/2006) 10:17 a.m.
Siempre pasa igual, cuando alguien escribe un artículo que pone en evidencia la mentira oficial del 11-M con argumentos demoledores, salen a relucir los trolls de turno con el manual de consignas repartido por la Secta Prisaica para dar la impresión de que son muchos los que se tragan la mentira oficial y que están muy convencidos en sus "argumentos". A saber: la guerra de Irak, las supuestas mentiras del gobierno de Aznar, la autoría de los islamistas, blablabla, blablabla, blablabla. O sea, mas de lo mismo pero sin dar ni un solo argumento ni prueba, y rebuznando mucho contra los que, un dia sí y otro también, ponemos en cuestión la mentira oficial prefabricada. Eso sí, ya no dicen nada de Al-queda porque la trola esa no se la cree ni el más cenutrio de los adeptos a la Secta.
Acabar Como azaña  (31/07/2006) 10:30 a.m.
Marco: Lo del golpe no te preocupes. Ya lo hizo el 13-M el PSOE. Eso de la "legalidad democrática" es bastante relativo. Empezando por los orígenes de la II República asesina...
Gabriel Moris Noguera  (30/07/2006) 07:14 p.m.
Los comentarios suscitados por mi opinión creo que en su mayoría no son procedentes. Se trata de un crimen y hasta hoy, no sabemos quien fueron los que lo concibieron, planificaron, ejecutaron y se beneficiaron. Si alguien cree lo contrario, que me lo demuestre con pruebas judiciales, se lo agradeceré sinceramente. Los comentarios políticos se salen de mi intención al escribir esta reflexión. Si alguien tiene que justificarlos que lo haga. A mí personalmente no me preocupan. Eso sí, creo que el origen del crimen fue político y se sigue utilizando para beneficio de los políticos. A mí, esto, lo único que me produce es más tristeza de la que ya tengo. No obstante, si a alguien le son de utilidad los comentarios políticos vertidos, está en su derecho. Deseo que no pase nunca por mi situación. Eso sí, mientras no conozca la verdad, seguiré reclamándola, creo que estoy en mi dercho, ¿o no?
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