Lo admito. Soy del Real Madrid hasta la médula pero siento cierta envidia (espero que sea de la sana) de la afición del Atlético de Madrid. O al menos, de ese sentimiento colectivo que les convierte en cándidos tifosis entregados a su equipo casi pase lo que pase.
Cuando escucho al público presente en el Santiago Bernabéu desesperarse a las primeras de cambio y silbando incómodo a los tres pases errados en un domingo cualquiera, siento rechazo. No es raro escuchar: “¡Que me devuelvan el dinero!”; “¡Menuda panda de vagos!”; “¡No merecéis comer hoy!”…
La relación del fan atlético es más similar a la de una madre con su hijo. Las trastadas provocan una sonora bronca en el respetable, claro está, pero nunca desde la aspereza, siempre hay una vía de escape a la comprensión. El madridista de carné, sin embargo, muchas veces trata a los jugadores como aquel que ha comprado un coche y no le rinde a satisfacción. Protesta igual que si fuera al concesionario a exigir explicaciones por ese cúmulo de chatarra al que nada le vincula ya.
Los creativos de la Sra. Rushmore, la agencia de publicidad que ha vuelto a ocuparse del spot de los colchoneros, entienden esto y así lo han plasmado en la nueva campaña de imagen que, bajo el título “Vuelve mi atleti”, busca resaltar ese ‘alma’ que tiene la entidad madrileña.
Veo el vídeo y sí, siento un poco de envidia.