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Corinna y la conexión alemana

El ‘affaire’ de Corinna zu Sayn-Wittgenstein, su presencia en España, pero más aún su actividad concreta, parecen presentará todavía perfiles y enfoques desconocidos. Y, desde luego, ha despertado el interés en determinados ámbitos insólitos, de los que apenas se está hablando.

Apenas producirse la comparecencia en el Congreso del director del CNI, Félix Sanz Roldan, un veterano miembro de los servicios de inteligencia españoles, muy vinculado al CESID del general Alonso Manglano, me hizo una llamada telefónica para explicar que, en el caso de Corinna, no se estaban haciendo las preguntas correctas.

Lo que este viejo espía comentó –y así lo transcribo- es que, en lugar de Sanz Roldán, tendrían que haber citado a declarar al director del BND, el Bundesnachrichtendienst, el Servicio Federal de Inteligencia alemán, que tiene su sede en Pullach.

Dependiente del canciller, está dedicado al espionaje exterior, narcotráfico, lavado de dinero, crimen multinacional y trafico de armas y material nuclear. Tiene más de 6.000 miembros y un presupuesto superior a los 400 millones de euros.

Según el comunicante, Angela Merkel estaría muy interesada en saber qué pasa en España. Pero no sólo de lo que le dice Rajoy, sino también en otras cosas; entre ellas, conocer si el dinero de los bancos alemanes está seguro. De ahí que muy posiblemente el BND haya enviado sus informes.

Y ahí colocaba a Corinna el veterano miembro de los servicios de información españoles, que calificó a la amiga del rey como “agente de influencia”, en la terminología de esos servicios.

Y añadía una pregunta más, por otro lado bastante críptica para mí: ¿Dónde están los informes de cuatro páginas?

Corinna es danesa por nacimiento, pero de nacionalidad alemana por su matrimonio con el príncipe zu Sayn-Wittgenstein, un título por otro lado muy menor.

Mi comunicante acabó la conversación diciendo que “seguro que le habrán hecho un barrido de micrófonos” en la residencia de La Angorrilla, en monte de El Pardo, donde residió más de cuatro años.

Como digo, se trata de un enfoque insólito, que sin embargo sí merecería aclaración. Porque estaríamos hablando de asuntos de Estado.

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José Apezarena

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