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Cristina, la infanta condenada

“La infanta Cristina, absuelta”, ha sido y es el titular más común en los medios escritos, tanto en papel como también digitales, para dar cuenta de la sentencia dictada el viernes por la Audiencia de Palma sobre el ‘caso Nóos’.

En efecto, la hermana del rey ha resultado absuelta de los dos delitos fiscales de los que, como cooperadora necesaria, le acusaba el sindicato Manos Limpias, y por los que pedía ocho años de prisión nada menos. Un sindicato, por cierto, condenado a abonar las costas por mantener una acusación que, desde el punto de vista del tribunal, no tenía fundamento, pero que, según todos los indicios, no abonará porque ha entrado en suspensión de pagos.

La letrada de ese sindicato se empeña en afirmar que la infanta sí ha salido condenada: condenada a devolver esos 265.000 euros de los que, según los jueces, se había lucrado por los negocios de su marido.

Realmente, desde el punto de vista jurídico Cristina de Borbón ha quedado absuelta, y así lo dice expresa y claramente la sentencia. Y sin embargo, desde otro punto de vista, está condenada.

Lo estaba desde hace mucho. Desde que estalló el caso. Condenada socialmente, popularmente, por esa mayoría que desde el principio la ha considerado culpable, y que probablemente seguirá pensando lo mismo a pesar del fallo judicial. Y esta concreta sentencia seguramente ya no la podrá levantar en su vida.

En La Zarzuela sabían que, pasara lo que pasara en la Audiencia de Palma, el resultado resultaría negativo en cualquier caso. Si Cristina acababa condenada, estaba claro el demoledor impacto de imagen que supondría para la monarquía y la propia familia real. Y si, como ha ocurrido ahora, quedaba exonerada, no faltarían quienes inmediatamente hablarían de presiones, de falta de igualdad ante la ley, de mediatización de la justicia. Como, por supuesto, ha sucedido.

No obstante, el fallo judicial absolutorio es para la corona la menos mala de las posibles salidas.

En ese sumario han resultado también absueltos, por cierto, dos personajes del ámbito político, Mercedes Coghen  y Alfonso Grau. Al igual que en el caso de la infanta Cristina, ¿quién les compensará, y cómo, por el calvario sufrido durante todos estos años?

Aunque su papel es irremplazable, y necesaria garantía de democracia y libertad, y gracias a Dios de que la tengamos, sin embargo no pocas veces la justicia es injusta haga lo que haga. Seguramente habría que cambiar algunas cosas para evitarlo. Por ejemplo, en cuanto a la rapidez en adoptar decisiones y en dictar sentencia. Pero eso es algo que, por lo que parece, nadie quiere remediar.

editor@elconfidencialdigital.com

En Twitter @JoseApezarena

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José Apezarena

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