Martes 17/10/2017. Actualizado 12:33h

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Un Gobierno sin alma

Proliferan últimamente las voces críticas con la política de comunicación del Gobierno.

Verdad es que se trata de una vieja denuncia, que, casi sin excepción, históricamente se ha repetido cada vez que un equipo gubernamental entraba en dificultades. Cuando surgen problemas, el primer movimiento suele ser achacarlo a fallos de comunicación.

Pero, al margen de que se haya convertido casi en un tic, lo cierto es que Mariano Rajoy y su Gabinete están equivocándose mucho en ese terreno.

Acuciados por la urgencia de ‘salvar’ España de la bancarrota, olvidan que, además de aprobar medidas y reformas, tienen una exigente obligación de cercanía con los españoles, de explicación, precisamente porque les están apretando las clavijas y exigiendo sacrificios sin cuento.

El Gobierno viene adoptando un estilo tecnocrático y frío, que se puede formular así: estamos tan ocupados en arreglar el país, nos estamos dejando la piel por ustedes, e incluso creemos que vamos a ganar la batalla; así que conténtese con nuestra promesa de éxito y no nos distraigan con pequeñeces.

Y, así, la mayoría de los miembros de este Ejecutivo hablan enfadados, como echando broncas.

Mariano Rajoy no es precisamente un dechado de calidez y cercanía. Soraya Sáenz de Santamaría, nada menos que la portavoz oficial, la cara y la imagen del Gabinete, parece a la defensiva, como si siguiera estando en la oposición, soltando recetas y dando lecciones más propias de un opositor que de un responsable de comunicar con la gente.

El actual equipo, en fin, parece un Gobierno sin alma. Algunos ministros, porque no reúnen condiciones; otros, quizá porque no les dejan; lo cierto es que faltan rostros y voces humanos, faltan caras amables y cautivadoras.

¿Quién es la cara amable del Gobierno? ¿Quién se ocupa de la gente?

Cierto es que las cosas marchan muy mal, que es tiempo de sacrificios, y que hay que apelar a la solidaridad y la paciencia de los ciudadanos. Pero, entonces, razón de más para intentar la persuasión, el acercamiento, la explicación… y ganarse su complicidad.

Porque no basta con ser eficaces: hay que cuidar de la parroquia.

Ese papel no lo cumplió nadie cuando el PP estaba en la oposición y ganaron las elecciones. Pero, que no se engañen. Si han llegado al poder no ha sido por méritos propios, sino por la catástrofe de sus contrarios, tan pésimos que no quedaba otra que echarlos.

Y, ahora que gobiernan, tampoco explican nada a los españoles. A día de hoy, siguen sin dar razón suficiente de la subida del IRPF, de la reforma laboral (salvo que no hay más remedio), ni, por supuesto, de esa escandalosa amnistía fiscal.

Seguramente para todo ello tienen explicaciones y argumentos. Pero al Gobierno no le preocupa la pedagogía. Cree que basta con ofrecer una rueda de prensa una vez, y no comprende que debe trabajar más el dar razones, con paciencia, insistiendo, repitiendo y siempre con buenos modos.

Una conferencia de prensa los viernes y un pleno del congreso cada dos meses, es muy insuficiente para lo que ellos están demandando a este país.

Urge una comparecencia pública y larga del presidente del Gobierno, lo más pedagógica y cercana posible, hablando a la gente, explicando, buscando la complicidad y la comprensión de la ciudadanía. Y después otra, y otra.

Hasta ahora, en España las elecciones no las ha ganado la oposición, las ha perdido el Gobierno. Quizá éste tenga éxito y resuelva los graves problemas del país. Pero eso no es incompatible con pensar en la gente y estar cerca de ella.

Aunque lo logren, aunque saquen a España del atolladero (y ojalá suceda así), con esa frialdad, lejanía y dureza, están empezando ya a perder las elecciones. Demasiado pronto.

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José Apezarena

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