Jueves 24/08/2017. Actualizado 01:00h

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Mofa, befa y escarnio con las tarjetas opacas

Me temo que hoy voy a meterme en un jardín demasiado florido, y que puedo ganarme críticas, reproches y hasta descalificaciones. Es lo que tiene empeñarse en decir lo que uno piensa, resistiendo a la tentación de hacerse el simpático por la vía de decir lo mismo que todo el mundo para así no desentonar.

Vistas las informaciones, reportajes, entrevistas, tertulias y portadas de todos estos días, junto con las declaraciones que se han producido, me ha venido a la cabeza aquella famosa frase hecha de la "mofa, befa y escarnio", tres actuaciones que vienen a representar prácticamente lo mismo aunque con palabras distintas y poco usuales.

Y entro en materia. Pienso que quienes han sido beneficiarios de las famosas tarjetas opacas de Caja Madrid se han visto sometidos a un linchamiento social que me parece ha sobrepasado algunos límites.

Por supuesto, no niego que se trata de conductas inapropiadas, incluso inmorales y hasta indignas, de las que deben responder penalmente en su caso. No les quito responsabilidad alguna. Pienso, por tanto, que debe caer sobre ellos el peso de la ley, incluso en grado de dureza. Pero -y aquí el añadido- no más que el peso de la ley.

Y, que yo sepa, ningún código penal, civil ni mercantil establece que, además de la correspondiente condena, si la hubiera, el culpable debe pagar también pena de ser sometidos a la ridiculización, ni que, por una conducta ilícita, deban ser aireados públicamente sus intimidades.

En fin, que, si ha habido malversación de caudales, mala administración, delito fiscal, ocultación de ingresos, que lo paguen. Pero, desde mi punto de vista, lo importante es qué cantidad han defraudado, con qué procedimientos irregulares, y no en qué lo gastaron.

No me parece sano, incluso socialmente, desvelar que unos lo hicieron en clubes más o menos sospechosos, otros en gimnasios, el de más allá en vino caros, aquel en estilográficas, este otro en lencería femenina... Tales detalles no añaden nada al ilícito penal en que han incurrido. Y, sin embargo, han sido aireados sin pudor alguno y eso ha provocado una insana curiosidad, rayana en el chismorreo.

No tengo relación con ninguno de los ochenta y tantos ciudadanos inmersos en el sumario por las tarjetas ocultas de Caja Madrid. No lo sostengo, pues, por interés personal, sino porque pienso que la justicia debe ser justa y ajustada. Y que los linchamientos no forman parte de la pena que han de cumplir los culpables, que, además, siguen teniendo derecho a su intimidad en aquello que no es relevante para los supuestos penales manejados.

Ya sé que puede argumentarse que divulgar esos datos privados puede servir como escarmiento, con la finalidad de que otros no hagan lo mismo, pero me parece que el sistema judicial y las leyes están para corregir al que delinque sólo en aquello y en proporción a lo que hace. Y no más allá.

En fin, que la mofa, befa y escarnio, junto con la exposición en la plaza pública, no figuran en los códigos penales.

Y si la voluntad popular es que sí, que se apliquen esos castigos, entonces legíslese en tal dirección e inclúyanse artículos que lo establezcan. Mientras eso no ocurra, evítese. Como digo, me parece mucho más justo, y hasta sano socialmente.

Vuelvo a asumir que quizá me he metido en un jardín, y que casi nadie va a coincidir con mis opiniones. Y que me va a crear algún problema. Es lo que tiene manejar puntos de vista propios, y sobre todo atreverse a comentarlos.

editor@elconfidencialdigital.com

Twitter: @JoseApezarena

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José Apezarena

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