Jueves 24/08/2017. Actualizado 01:00h

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Un PP acoquinado

¿Dónde está el Partido Popular? Me refiero a la formación política que proclama ser la que reúne más afiliados en Europa (manejan la cifra de 800.000), la que gobierna en comunidades autónomas como Galicia y Madrid, en decenas de grandes ayuntamientos por toda España, y que ostenta, aunque sea en minoría, el Gobierno de este país.

Hablo del partido que ha sido ganador en los dos últimas elecciones generales y que, según las encuestas, presenta hoy la mayor intención de voto (ronda el 30%), a distancia de diez puntos de su más inmediato seguidor.

Y apelo también a una dirección nacional que cuenta con secretaria general, vicesecretario de organización, vicesecretarios, una numerosísima ejecutiva… además de un cuerpo de funcionarios que meten horas cada día en la sede de la calle Génova.

¿Dónde están todos ellos? ¿A qué se dedican? ¿En que trabajan?

Porque estamos asistiendo a un impresionante ausencia: la del Partido Popular, prácticamente desaparecido. No se le ve, ni se le oye.

¿Qué está ocurriendo? Pues que en el PP están acoquinados. Y podría entenderse, porque el estallido de casos de corrupción que les afectan merecería, sin exagerar, el calificativo de tsunami.

Con la que les está cayendo, parece que han optado por volverse mudos y, si pudieran, hasta invisibles. Posiblemente porque no tienen ninguna seguridad de que vaya a escampar, es decir, de que no sigan apareciendo otros y otros y otros escándalos. Terrorífica situación.

Por eso, muchas de las miradas se dirigen a su líder, a Mariano Rajoy, que, si no fuera por las excursiones que realiza fuera de nuestras fronteras, se convertiría en el más desaparecido de todos. Lo de dar la cara y afrontar el peligro no figura, por lo visto, en el ADN de los principales dirigentes del partido.

Digo que las miradas de muchos en el PP se centran en Rajoy, con esta dramática pregunta: ¿Por qué no afronta de una vez por todas la sangría que aqueja a su partido y opta, decididamente, por cortar, de un tajo y hasta el fondo, con cualquier vestigio de corrupción? Aplicando el famoso, pero manido e incumplido, “caiga quien caiga”.

Una pregunta que solamente puede responder él mismo. Y a la que, hasta el momento, no ha querido dar contestación.

A Rajoy, lo de esperar que escampe le ha salido bien en muchas ocasiones, y quizá cree que le volverá a salvar. A él, a su partido, y, de rebote, a España. Lo que ocurre es que las cosas están cada vez más difíciles.

editor@elconfidencialdigital.com

En Twitter @JoseApezarena

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José Apezarena

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