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Pablo Iglesias, de censor a censurado

En martes y trece, por designio de la presidenta de la Cámara, Ana Pastor, se celebra hoy en el Congreso la tercera moción de censura de la democracia.

Al igual que las dos anteriores, está también llamada a fracasar. Incluso más estrepitosamente que la que, en mayo de 1980, presentó Felipe González contra Adolfo Suárez, y la que, en marzo de 1987, planteó Hernández Mancha (PP) contra Felipe González.

Fracaso más estrepitoso porque los apoyos que va a recibir la iniciativa de Pablo Iglesias quedarán muy por debajo de los que consiguieron los dos casos citados.

Se entiende, porque en aquellas ocasiones el promotor era el segundo partido de la Cámara, el que más escaños sumaba, cosa que no ocurre ahora con Podemos, que ostenta una representación parlamentaria muy lejos de lo que acumulaban entonces PSOE y Partido Popular.

Vamos a asistir hoy a una censura que no censura demasiado. Porque Pablo Iglesias no va a encontrar muchos apoyos a su iniciativa. Sólo tendrá como acompañantes a Esquerra y Bildu.

Y porque, encima, habrá proporcionado a Mariano Rajoy una ocasión espléndida para vender las perspectivas económicas. Se sabe que el presidente se propone aprovechar el Pleno para presumir de buena gestión, aportando las cifras de crecimiento, de creación de empleo...

Si no va a derribar al presidente del Gobierno, si políticamente no lo va a desgastar demasiado, y si mediáticamente tampoco va a poder vender casi nada, entonces, ¿por qué, para qué, ha presentado Pablo Iglesias la moción de censura?

Algunos dicen que porque busca investirse como el futuro candidato a presidente del Gobierno. Pero el balance del debate no concluirá precisamente eso. Sino, tal vez, lo contrario.

No faltan quienes apuntan que se trató de un intento de dejar en evidencia al PSOE, de aprovechar la mala coyuntura del partido para debilitarlos y echarlos a la cuneta. Pero el desenlace de las primarias, con la nominación de Pedro Sánchez, han amortizado y dejado en nada aquel propósito.

Otros responden que lo ha hecho para consumo interno. Que la censura tiene como destinatarios a los podemitas, a los militantes de su partido. Pero, ¿cuántos miles de afiliados de Podemos van a seguir por la televisión o la radio el Pleno? La verdad, no creo que sean muchos: no me los imagino pegados masivamente a la pantalla para atender las vicisitudes de una sesión de esas características. Si de verdad va dirigido a ellos, me parece que el objetivo tampoco se va a cumplir.

Por si fuera poco, Pablo Iglesias desperdicia un cartucho, porque ya no podrá presentar otra moción de censura en esta legislatura.

Y personalmente se ha desgastado frente a algunos de sus socios, como es el caso de Compromís, que le desaconsejaban la moción, y también con no pocos de los dirigentes de Podemos, igualmente disconformes con la forma, el momento y la oportunidad.

Pablo Iglesias, supuesto censor, va a salir del Pleno de mañana bastante censurado él mismo. En martes y trece. Se ha equivocado de medio a medio.

editor@elconfidencialdigital.com

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José Apezarena

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