Jueves 17/08/2017. Actualizado 01:00h

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¿Podemos? Viejos, viejísimos

No hace muchos días me referí, en estas mismas páginas, a las expulsiones que se habían producido en Podemos de Baleares, donde han sido excluidos del partido la presidenta del parlamento regional, Xelo Huertas, la diputada Montserrat Seijas, y el secretario de acción institucional, Daniel Bachiller, por “posible vulneración de los estatutos y del código ético”.

Antes fueron suspendidos cautelarmente de militancia, acusados de haber amenazado, en una reunión interna, con no apoyar los presupuestos regionales para 2017 si no se renovaba un convenio del gobierno balear con el laboratorio de Bachiller, vigente desde hace diez años. Un asunto de dineros.

Huertas y Seijas han negado la existencia del supuesto chantaje, y acusado al responsable del partido en Baleares, y diputado autonómico, Alberto Jarabo, líder de la corriente oficialista (la de Pablo Iglesias), de haber actuado contra ellas por razones de carácter político interno.

Comenté entonces que habíamos entrado en el terreno de la corrupción, política, económica, o las dos cosas a la vez. Esa plaga que los recién llegados de Podemos, aparentemente impolutos, consideraban, y así lo proclamaron repetidamente, patrimonio de los “viejos partidos”. Y que ahora les ha alcanzado, tan pronto, a ellos.

No queda aquí la cosa, porque hoy Podemos está dando el espectáculo. El espectáculo de la lucha de egos, de los personalismos, las venganzas, las persecuciones, las campañas contra los disidentes y el juego sucio. Es decir, lo mismo mismísimo que esos "viejos partidos" a los que venían a sustituir.

¿Cómo lo pueden explicar? ¿Cómo justificar esa batalla entre "pablistas" y "errejonistas", la lucha entre el número uno y el número dos, nada amistosa ni fraternal?

Una pelea por el poder, por el aquí mando yo, por no verse uno masacrado si pierde la votación en el congreso. Incluyendo alineamientos de quienes tendrían que mantenerse neutrales, como ocurre con el secretario de organización, Pablo Echenique, que ha pretendido sacar tajada de la rivalidad entre los dos cabecillas para medrar él.

Decían que eran los nuevos, que venían a limpiar la política de este país.

¿Podemos? Viejos. Viejísimos.

editor@elconfidencialdigital.com

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José Apezarena

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