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Rajoy el lento

El 26 de noviembre, miércoles, Ana Mato asumía finalmente la carga de problemas que había ido acumulando y optaba por facilitar al presidente del Gobierno una solución presentando la renuncia 'voluntaria' al ministerio de Sanidad. Desde entonces han pasado hasta seis días sin que se conociera el nombre del sustituto. Políticamente, una eternidad.

El motivo inmediato de la salida de Ana Mato fue la noticia, conocida esa mañana, de su imputación por el juez Ruz, dentro del sumario de la Gürtel. Aunque somos muchos los que opinamos que no habría tenido que ofrecer su cabeza, si no se hubiera dado la circunstancia de que al día siguiente del auto judicial estaba convocado en el Congreso un pleno en el que Rajoy debía defender su programa de setenta medidas contra la corrupción. Un cita muy complicada, si esa mañana la titular de Sanidad continuaba sentada en el banco azul.

De no haber mediado una sesión tan comprometida, es casi seguro que el presidente habría optado por aguantar, como ya hizo cuando estalló el caso Gürtel, y también cuando la ministra de Sanidad quedó en grave evidencia por su incapacidad para conducir la crisis del Ébola.

Lo sorprendente de aquella dimisión fue que Rajoy no hizo coincidir esa noticia con el anuncio del nombre del nuevo ministro de Sanidad. Porque es práctica generalizada en los jefes de Gobierno tapar sobre la marcha cualquier crisis por el procedimiento de proceder a un inmediato nombramiento de sustituto. Así lo practicó con Alberto Ruiz Gallardón y la súbita designación de Rafael Catalá.

En ese caso, sin embargo, no solamente no hubo nombramiento automático, sino que ha tardado seis días en dar a conocer su decisión. Hemos asistido a una demostración palmaria del Rajoy lento en su mejor versión política.

¿Pudo ocurrir que al presidente le cogiera por sorpresa la eventualidad de tener que sustituir a Ana Mato, y de ahí la tardanzas? Sin embargo, habida cuenta del elevado número de ocasiones en que la ministra de Sanidad se ha encontrado en el alero, parece difícil imaginar que nunca hubiera pensado en otros nombres para el cargo. Al contrario, hay que imaginar que disponía de una lista, más o menos larga, de candidatos.

No es fácil suponer que Rajoy haya improvisado. No va con sus hábitos políticos. Y menos aún imaginar que se trata de una ocurrencia de última hora. Sería una enorme sorpresa que tal hubiera ocurrido.

A falta de otras explicaciones aceptables, quizá hay que concluir que el presidente del Gobierno ha querido hacer una demostración de control. De que a él nadie le marca los tiempos ni le obliga a correr. De que a él no le gusta correr.

Tal vez ha pretendido dejar muy claro que el apelativo de Rajoy el lento tiene fundamento en la realidad de las cosas.

editor@elconfidencialdigital.com

Twitter: @JoseApezarena

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José Apezarena

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