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Réquiem por el socialismo

¿Qué significa socialismo hoy? Se lo planteó hace algún tiempo un ideólogo tan peculiar como José Luis Rodríguez Zapatero, que por cierto es uno de los culpables principales de la grave postración que padece el PSOE, partido que fundara Pablo Iglesias, no el actual sino el anterior, el auténtico por así decirlo.

La respuesta que ofreció en aquel momento fue: socialismo es democracia, socialismo es igualdad.

Descripciones ambas que, a estas alturas, firman ya todos los partidos, y que por tanto no aportan nada a los socialistas y les deja sin definición. Es decir, en la orfandad y el limbo ideológico.

El socialismo español se encuentra sin señas de identidad, y hasta avergonzado de sí mismo, recordando que fue un Gobierno suyo, con Rodríguez Zapatero al frente, quien, por las apreturas económicas de la crisis económica, bajó un 5% el sueldo a los funcionarios en 2010, y al año siguiente lo congeló; suspendió la revalorización de las pensiones, suprimió el cheque-bebé, recortó en 6.000 millones la inversión pública.

El momento más grave se produjo en mayo de 2010, cuando, presionado por los mercados y ante la amenaza de inminente intervención, Zapatero asumió una reforma constitucional que valida y consagra el principio de estabilidad presupuestaria, o sea el déficit cero, siendo así que el déficit siempre fue el abrelatas y el desatascador en las políticas económicas socialistas. Una abdicación en toda regla del ideario del partido.

El debate se ha agudizado, hasta convertirse en crispado y hasta desesperado, después de que el actual jefe de Gobierno francés, el tan moderno y glamuroso Manuel Valls, haya planteado para el PSF la supresión de la palabra y el concepto “socialista”. Ante lo cual, no pocos se han animado a certificar la muerte del socialismo, asesinado, por cierto, por uno de los suyos.

¿Qué le pasa a Manuel Valls? Que se ve urgido a aplicar en Francia unas reformas profundas que contradicen los principios más básicos del socialismo. Por eso necesita eliminar la definición del partido, para tener las manos libres.

El futuro del socialismo no es un debate coyuntural de Francia, que seguramente se transmitirá a España muy rápidamente. Es que no acaba de aclimatarse a los nuevos parámetros mundiales, para los que no encuentra respuestas propias.

Días atrás, el portavoz socialista en el Congreso, Antonio Hernando, declaraba que “socialismo sigue significando justicia social, solidaridad, redistribución de la riqueza e igualdad de oportunidades”. El problema es que estas palabras no son recetas económicas ni resuelven en concreto los desafíos económicos que sufren países como Francia.

Como escribía el sábado Vicente Lozano, en El Mundo, en el artículo “El porvenir del socialismo”: “Los buenos analistas tendrán que explicar en algún momento por qué una crisis económica generada por el neocapitalismo liberal más rampante, debido a una apoteosis de la desregulación financiera, está a punto de terminar con el socialismo tradicional en Europa”.

editor@elconfidencialdigital.com

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José Apezarena

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