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Las barbas de Escocia

Escocia vota hoy sobre una cuestión altamente trascendental: si se independiza o no de Inglaterra.

Los analistas coinciden en denunciar lo que califican de evidente incapacidad política del premier, David Cameron, en lo relativo al proceso escocés.

Su fallo ha sido la inactividad total: no haber hecho nada. Confiado en los 20 puntos de distancia del no sobre el sí que pronosticaban las encuestas al principio, creyó que bastaba con dejar pasar el tiempo, sin adoptar ninguna providencia, para que el incendio se apagara solo.

Fiado en esa ventaja, Cameron incurrió en errores políticos elementales como aceptar para la consulta una pregunta sin retorno: independencia sí o no. Un planteamiento así equivale a jugar a la ruleta rusa, porque, si triunfa el sí, se alcanza un punto de no retorno, no hay salida. En su lugar había que haber planteado una cuestión semejante a: ¿Quiere usted quiere que se inicie un proceso...?

La aparición reciente, en vísperas de la votación, de sondeos que pronosticaban un empate, e incluso la victoria de los independentistas, ha provocado una reacción de última hora y a todo correr.

Ahora todo han sido prisas: gestos como la colocación de la bandera de Escocia en los edificios oficiales del Reino Unido, promesas de concesión de competencias bajo el lema 'devolution', viaje de los líderes de los tres principales partidos y firma conjunta de un compromiso político. Escocia e Inglaterra se lo juegan hoy casi a cara o cruz. Y cinco millones de escoceses van a decidir sobre un asunto que afecta a 60 millones de británicos.

Pues algo parecido a lo escenificado en Escocia puede haber ocurrido en España con la cuestión catalana. Un presidente embebido en solventar los desafíos económicos, sin querer ocuparse de otros retos, ha dejado pasar el tiempo sin aportar nada constructivo en relación con Cataluña. Y así hemos llegado a las vísperas del 9 de noviembre: sin que el Gobierno haya hecho su trabajo cuando tocaba.

A última hora, lanza mensajes de que todo está controlado, de que tiene un plan para afrontar esa coyuntura, aunque sin explicar nada de dicho plan. Al mismo tiempo que un ministro afirma que no descarta la suspensión de la autonomía y otro le contradice afirmando que Rajoy jamás ha hablado de algo semejante.

Se ha perdido mucho tiempo, ha existido pasividad suicida, se ha optado por el verlas venir, con lo que irremediablemente ha ido ganando la opción independentista.

La situación no es irrecuperable. Pero harán falta años, décadas, de trabajo y esfuerzo para conseguir una marcha atrás, de forma que disminuya sensiblemente esa mayoría que hoy en Cataluña apuesta por la consulta soberanista y por la independencia.

Y quien tiene que ponerse a ello es el Gobierno, sea del color que sea. Si no lo asume, si solo apuesta por el cortoplacismo egoísta de ganar unas elecciones, perderemos Cataluña definitivamente. Y se incurrirá en delito de traición.

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José Apezarena

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