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El lado tenebroso de Pablo Iglesias

La ventaja aparente de quienes llegan nuevos a la actividad política es que, precisamente por eso, no tienen pasado. En su caso, no necesitan tapar, ni pagar precio por actuaciones fracasadas; no hay posiciones que ocultar, ni se hallarán en hemerotecas y videotecas opiniones o declaraciones que lamentar. Son como un libro con las páginas en blanco, aún por escribir.

Ellos, al contrario que sus posibles rivales, no han de pedir disculpas por nada. No pagan ningún precio por el pasado, porque no existe.

Tal era la sensación que ofrecían los líderes de las dos últimas formaciones recién llegadas, es decir, de Podemos y de Ciudadanos, los nuevos partidos que han revolucionado el panorama electoral de este país.

Pero se trata de un espejismo. Porque algunos de esos dirigentes no están tan limpios: tienen pasado. Y un pasado que, con práctica torticera, y por tanto sospechosa, han camuflado celosamente.

Ahora me refiero a los creadores de Podemos, y muy singularmente a su principal figura: Pablo Iglesias.

Tal como se ha publicado (documentos incluidos), en 2008 el Gobierno de Hugo Chávez aportó 7 millones de euros a la fundación Centro de Estudios Políticos y Sociales, siendo los destinatarios directos Pablo Iglesias, Juan Carlos Monedero y Jorge Verstrynge. Los papeles concretan que la financiación tenía como objetivo extender el "movimiento bolivariano" en España.

Añaden que el contrato con CEPS permitiría "estrechar lazos y compromisos con reconocidos representantes de las escuelas de pensamiento de izquierdas, fundamentalmente anticapitalistas", que propiciarían en España "cambios políticos aún más afines al gobierno bolivariano". En resumen, Hugo Chávez buscaba disponer de fuerzas políticas afines. Presumiblemente, el actual Podemos. 

Siete millones de euros es mucho dinero. Pero más preocupante resulta el objetivo: instalar un sistema, un régimen bolivariano, en España. Si entonces, en 2008, ya se antojaba inquietante, hoy, a la vista de la situación de Venezuela, con la total ausencia de derechos básicos, el recurso al encarcelamiento de los discrepantes y la ausencia de libertad de información, lo es mucho más. Por no detenernos en la debacle económica que sus políticas han provocado en el país.

Pero, sobre todo, es que nos lo han ocultado.

El escándalo alcanza a otros dirigentes de Podemos, porque en la fundación subvencionada trabajaban también Íñigo Errejón, Carolina Bescansa, Luis Alegre... Pero a quien afecta sobre todo, porque es quien lleva la iniciativa, quien da la cara y quien, teóricamente, encarna el espíritu e ideas del nuevo partido, es a Pablo Iglesias.

Iglesias, pues, tiene pasado, y un pasado oscuro. Lo que podríamos llamar un “lado tenebroso”. Porque, además de lo relatado respecto a Venezuela, incluye también sus vínculos de amistad (y, desde luego, de financiación) con Irán. Demasiadas tinieblas como para que se puedan pasar por alto.

Detrás de la publicación de esas informaciones, los líderes de Podemos quieren ver una conspiración: la ofensiva de los poderes, del establishment, de la prensa. Puede ser. El problema es que no estamos ante una invención. Se trata de hechos reales, objetivos, y eso es lo que ellos tienen que explicar. Aclararlos, como suele decirse, cristalinamente. Mientras no se explique a fondo lo ocurrido, seguirán bajo sospecha.  

Y, sin embargo, ante esas revelaciones, ante el dinero bolivariano, la respuesta que están ofreciendo es: vayan ustedes a los tribunales. Es, por su parte, un buen recurso, porque las subvenciones a una fundación no tienen en principio perfil penal, y además los hechos son de hace ocho años. Probablemente no existe delito, y por tanto los jueces no intervendrían.

Pero con eso no se resuelve el contencioso. Porque no estamos ante un problema legal o jurídico, sino de legitimidades. Y aquí Iglesias y compañeros sufren grave dificultad. Y es también una cuestión de juego limpio, de que no se practiquen oscuridades ni ocultaciones, de que no se engañe a la población.

Por tanto, ese lado tenebroso debería ser clarificado. En caso contrario, siempre penderá sobre ellos la sospecha. Y la desconfianza. Y no podrán quejarse.

editor@elconfidencialdigital.com

En Twitter @JoseApezarena

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José Apezarena

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