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Quién puede convencer a Cristina de que renuncie a sus derechos

La imputación de la infanta Cristina por dos delitos fiscales coloca de nuevo a La Zarzuela en el punto de mira de la opinión pública. Se mira a la Casa del Rey con máxima atención, para adivinar cuál es, y sobre todo cuál será, su actitud ante un escenario tan dramático como la presencia de la hermana del monarca en el banquillo.

Los primeros, y discretos, mensajes emitidos circulan en la línea de: máximo respeto a lo que la Justicia decida. Pero también hay otro, y este poco explicitado, que expresa una actitud de hecho: no queremos saber nada.

Utilizan el argumento de que Cristina “no es miembro de la Familia Real”. Se acogen así a un frío tecnicismo, la famosa distinción entre Familia Real y “familia del rey”. Como digo, un tecnicismo, porque ella (que sigue ostentando el título de infanta de España, no se olvide) no ha dejado de ser hermana del rey. Hermana. Y se acogen a una distinción de muy reciente advenimiento, puesto que hace menos de un año Cristina sí era integrante de ese privilegiado colectivo llamado Familia Real, del que ha acabado excluida junto con su hermana Elena.

Distinto es, sin duda, el comportamiento de ‘esta’ Zarzuela, respecto a lo que aplicó la ‘anterior’. No se me olvida algún comentario allí escuchado el año pasado, en el sentido de que, si Iñaki Urdangarín iba a quedar abandonado a su suerte, no así la infanta, porque ella sí era “nuestra”, o sea, de la Casa. Y ahí engrana la gestión directa del entonces rey titular, Juan Carlos I, encargando personalmente a Miguel Roca la defensa jurídica de su hija menor. La Zarzuela se mojó entonces. Incluso expresando públicamente ‘sorpresa’ por alguna decisión del juez instructor.

Ahora todo es distinto. Manda la distancia. Cristina ya no es “nuestra”, no es de la Casa. Una opción que tiene toda la lógica del mundo, atendiendo a la dureza y determinación con que Felipe de Borbón, todavía príncipe, atajó cualquier vínculo, no sólo con los hechos del escándalo, sino también con su propia hermana, pública y externamente repudiada y rechazada. Así que lo de ahora es simplemente la culminación de aquella estrategia.

Eso sí, se especula con la opción de que la señora de Urdangarín, ahora que se ve definitivamente imputada, abocada al banquillo de los acusados, tenga la generosidad de renunciar a sus derechos, apartándose de la línea de sucesión al trono. Hasta lo han susurrado desde La Zarzuela.

Sabido es que tal condición no es arrebatable. De acuerdo con la Constitución, los derechos se adquieren automáticamente, por nacimiento, y se pierden por renuncia voluntaria.

Desde Zarzuela han comentado que nadie, de la Casa ni de la Familia Real, ha planteado a la infanta, ni va a plantearle, que se aparte de la línea de sucesión. Evidentemente, el actual equipo, con Felipe VI a la cabeza por supuesto, que es el que ha enviado a las tinieblas exteriores a Cristina, no será precisamente el mejor interlocutor para gestiones semejantes.

Otra cosa es la familia. Y aquí, diga lo que diga La Zarzuela, no hay que descartar nada. No es excluible una mediación de su padre, don Juan Carlos. Y menos aún de doña Sofía, incluso mejor posicionada puesto que ella no rompió con la familia Urdangarín-Borbón, a la que ha seguido visitando y tratando, y ha estado cerca de los cuatro hijos del matrimonio, sus nietos, a pesar de las muchas críticas recibidas, alguna incluso desde dentro de la  Zarzuela, la ‘anterior’ Zarzuela.

Y ahí podría aparecer también la infanta Elena, la hermana mayor, quien, a pesar de la exclusión de la Familia Real, mantiene un comportamiento digno, consecuente con el fondo institucional que le ha caracterizado, propio de alguien con sentido de dinastía. Ella no ha roto con Cristina, y sus argumentos pueden recorrer caminos más íntimos.

A pesar del enfado que pueda sentir, de la amargura ante el apartamiento aplicado desde hace tiempo por su hermano, hoy rey, no descarto que Cristina, atendida su situación judicial y que le espera el banquillo de los acusados, sí opte por la renuncia.

Con ello, prestaría un claro favor a los actuales monarcas, a su hermano Felipe, pero sobre todo a la Corona como tal, a la institución. Y quizá también al país.

Veremos.

editor@elconfidencialdigital.com

Twitter: @JoseApezarena

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José Apezarena

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