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Aviso a periodistas: el que manipula, ahora la paga

El pasado jueves se produjo en este país un hecho periodístico singular y relevante. La audiencia de los Telediarios que presentan Ana Blanco, Marta Jaumandreu y Marcos López en TVE se fueron a mínimo de temporada. Se puede hablar prácticamente de un desplome. ¿Qué sucedió?

El  diario El País había publicado ese día los papeles secretos de Luis Bárcenas. España entera entró en ebullición. El consumo informativo se multiplicó, frente a la demanda registrada un día normal. Todos los medios se pusieron las pilas para responder a la inusual solicitud. Salvo en Televisión Española.

Y pasó lo que pasó. El informativo del mediodía, que presenta Ana Blanco, fue seguido por 2.075.000 telespectadores lo que se tradujo en un 15,2% de share. Un punto y tres décimas por debajo del dato del día anterior: 16,5% y 2.370.000 televidentes.

Por la noche, en el telediario más importante del día, sucedió otro tanto. El TD2 obtuvo un 11,6% de share al ser seguido por 2.242.000 espectadores. Fueron 600.000 seguidores menos que su media diaria. El informativo de Telecinco obtuvo ocho puntos de share y 1.200.000 telespectadores más.

Fue un hundimiento por falta de credibilidad. El tratamiento informativo del caso Bárcenas que hizo TVE no convenció a la audiencia, que se marchó buscando otros narradores, versiones más atendibles, enfoques menos fragmentarios.

Creo que el advenimiento de Internet ha supuesto una revolución también en este aspecto. Un periodista puede lanzarse a vender material averiado, informaciones torticeras dirigidas a manipular a su audiencia, como sucedía hace años. Pero el riesgo que corre ahora de quedarse sólo proclamando su versión es infinitamente mayor que antaño.

Sucede en muchos aspectos de la vida, como digo. Se ha dicho que las monarquías afrontan hoy esta misma dificultad que nunca hasta ahora habían tenido que manejar: una red de medios informativos que, gracias a la tecnología, permiten tanto un escrutinio cada vez más exigente de sus actos como una permeabilidad de los mensajes casi sin límites, prácticamente infinita.

Por eso se ha dicho, con gráfica expresión, que las monarquías tienen ahora el techo de cristal. Pues sí pero no sólo. Creo que ahora sucede así con las monarquías y con los políticos, con los deportistas de élite… y con los propios periodistas.

Uno puede lanzar su alegato informativo trufado de ideología, tramposo o carente de contraste, faltaría más. Pero los ciudadanos, que adquieren ahora criterio buceando en Internet, visitando las redes sociales e intercambiando esas noticias que consideran ecuánimes, saldrán huyendo.

Así, el periodista tramposo se arriesga a terminar predicando en el desierto y sin el más mínimo crédito personal. El empresario, abocado a quedarse sin negocio. Y el político, sin ciudadanos a los que adoctrinar.

Pienso que esto del techo de cristal es válido para todo. Para los informativos de TVE… y para la prensa catalana, por cierto. Porque menudo papelón han hecho nuestros colegas de Barcelona en los últimos meses con el caso Palau, las cuentas de la familia Pujol o el caso Pallerols.

Más en twitter: @javierfumero

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Javier Fumero

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