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Balance de un año de Rajoy en La Moncloa

Hoy se cumple un año de la victoria de Mariano Rajoy en las urnas. Ganó por goleada, mejorando incluso los resultados de José María Aznar en el año 2000. Doce meses después, se puede aventurar un balance de su gestión.

Personalmente, quiero poner el acento en dos cuestiones relevantes:

Primero. Rajoy se ha arremangado. No se podrá decir nunca que el político gallego ha contemporizado con la crisis económica, que se ha conformado con dejar pudrir el asunto a la espera de que alguien nos sacara del atolladero. Ha tomado el mando con decisión y se ha ‘mojado’.

El asunto no es baladí. En su etapa en la oposición se hizo famoso precisamente por lo contrario: por sus incomparecencias. Por evitar posicionarse claramente, por escurrir el bulto y no agarrar el toro por los cuernos en tantas cuestiones.

Recibió muchas críticas por ello. Dejaba de ocupar el espacio político que le correspondía. Esas ausencias se interpretaban como falta de carisma. Esa languidez en el modo de llevar las riendas de la oposición parecía falta de poder. Y ese mutis, en fin, dejaba la sensación de que faltaba clarividencia para el gobierno.

Pues bien. En este año como inquilino en La Moncloa no se puede decir que haya evitado la refriega. Ha tomado decisiones, ha optado por políticas concretas (muy criticadas en algunos casos), ha bajado a la arena y ha lanzado órdagos importantes.

Segundo. Rajoy ha dejado de ser aquel gobernante moderado y previsible que pretendía ser. Todavía recuerdo la primera rueda de prensa del líder del PP poco después de que Zapatero anunciara el adelanto electoral.

Rajoy llevaba tres frases preparadas, que pronunció con toda intención:

-- “Yo aspiro a gobernar desde el centro, la moderación y el diálogo”.

-- “A gobernar con verdad, responsabilidad y transparencia”.

-- “Y si los españoles nos dan su apoyo, yo garantizo que haré un gobierno creíble, previsible y solvente”.

Es interesante repasar, un año después, las palabras ‘clave’ que utilizó entonces Rajoy:

“Centro”, “moderación”, “diálogo”, “verdad”, “responsabilidad”, “transparencia”, “creíble”, “previsible”, “solvente”.

Este año de gobierno ha sido tan duro, el Ejecutivo se ha visto implicado en tantas refriegas, que apenas queda ni rastro de aquellos conceptos. Han saltado por los aires.

Las medidas que ha tenido que poner en marcha Mariano Rajoy no han sido moderadas, ni previsibles, ni dialogadas. Ha tenido que tragar sapos y culebras, abjurar de su propio credo en bastantes cuestiones (subida de impuestos, subida del IVA, creación del banco malo...), hasta renegar de lo dicho.

Además, tampoco ha sido transparente. El gobierno ha fallado estrepitosamente en la comunicación de sus decisiones. Se ha preocupado más de acertar que de explicarse, con lo que eso supone de divorcio con la ciudadanía. Y como si acertar no implicara necesariamente desplegar la pedagogía que exige la puesta en marcha de un proyecto.

Por todo ello, no es aventurado decir que Rajoy se enfrenta ahora a un desafío añadido a la gestión de la propia crisis: debe crear un nuevo discurso si quiere recuperar a todos aquellos que le votaron confiando en unos valores de los que ya no queda ni rastro.

El tiempo dirá si es capaz de lograrlo.

Más en twitter: @javierfumero

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Javier Fumero

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