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¡Buenas noticias!

El presidente de Toyota en España habla con admiración de nuestro país. “España tiene la suerte –explica- de que no se arruga ante los problemas”. Razón no le falta pero yo diría más. Tengo para mí que, por encima de ese empuje entusiasta, hay un rasgo más importante en el alma de los españoles: grandeza. Les pongo dos ejemplos.

Un par de alumnos de una universidad española descubrieron hace unas semanas una hoja manuscrita de un hombre que iba a ser desalojado, con toda su familia, por no abonar 4.000 euros al banco de retrasos en el pago del piso.

Se citaron con él y vieron que se trataba de un desempleado de 47 años, honesto y abochornado por tener que pedir. No quería limosna: se comprometía a devolver el dinero a quien se lo prestara ahora... en cuanto encontrara un empleo. Tenía un máster en Dirección de empresas pero estaba en la calle.

Los dos chicos improvisaron un hucha y fueron, clase por clase, pidiendo ayuda. Cada uno daba lo que podía. Algunos alumnos aportaban 20 céntimos, alguno llegó a los 50 euros... Pero otros les volvían a parar por el campus al cabo del tiempo, para redondear la aportación.

Un día quedaron con el hombre y le entregaron todo lo que habían reunido. Había muchas monedas pequeñas y algunos billetes. No lo habían contado pero calculaban, a ojo de buen cubero, que se habían quedado cortos. Pero estaban satisfechos por el esfuerzo.

Poco después, recibieron una llamada. Era el parado que, emocionado, les confesó que se habían pasado por mucho en la cantidad que necesitaba. Su familia volvía a tener un respiro y casa en la que cobijarse.

El segundo caso del que quiero hablarles es una iniciativa llamada “Cafés pendientes”.

Se trata de un movimiento que nació hace algún tiempo en Nápoles. Los ciudadanos que acuden a desayunar a un bar cualquiera abonan también, junto a su cuenta,  algún café que ‘dejan pendiente’, del que se benefician a lo largo del día los indigentes, sin techo y pobres de solemnidad.

A lo largo del día, algún mendigo aparece por el local y pregunta si hay alguna taza de café o comida que haya sido pagada por adelantado. Si es así, pueden beneficiarse –gracias a un anónimo cliente- de un tentempié que les ayuda a no pasar hambre ese día.

Pues bien. La costumbre se está popularizando en nuestro país. Ya hay hasta 50 locales de toda España que se han mostrado dispuestos a colaborar con este movimiento, espontáneo y solidario. Y son muchos los ciudadanos que pagan para que otro se beneficie... sin que sepan nunca quién les ayudó.

Son dos buenas noticias. ¿No les parece?

Más en twitter: @javierfumero

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Javier Fumero

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