Jueves 21/09/2017. Actualizado 13:01h

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Chute de adrenalina para los españolitos

Admito que me emocioné este sábado siguiendo el programa libre que le permitió a Javier Fernández convertirse en bicampeón del mundo de patinaje artístico. Y eso que no tengo prácticamente ni idea de lo que es un doble salchow o un axel. 

Pero creo que no hacen falta muchos conocimientos teóricos de esta disciplina para apreciar una obra de arte magníficamente ejecutada.

Sin embargo, lo que me dejó pensativo es algo que lleva tiempo rondándome la cabeza y es lo siguiente: hay que ver qué buenos somos los españoles, qué potencial tenemos, qué capacidad.

Lo digo por lo que ha sucedido con este chico en el mundo del patinaje artístico y con una tal Carolina Marín, también bicampeona mundial de bádminton. Lo que han hecho es una auténtica proeza. Dos casos que desafían todas las reglas de la lógica.

En España hay unas 15 pistas de patinaje sobre hielo. En total. A nadie le suena el Club Igloo de Majadahonda aunque allí fue donde este chico comenzó a enamorarse de un deporte que ninguno de sus amigos practicaba. Estados Unidos, Canadá, Rusia, Japón… son los países que encabezan este ranking desde hace años. Con sus miles de pistas y una larga tradición de patinadores. 

Lo que sucede con el bádminton es algo más inaudito todavía. Sólo en China hay 100 millones de deportistas que tienen ficha federativa para competir. Allí llevan siglos desarrollando esta especialidad. En España sólo hay unas 7.000 personas federadas y 2.000 son mujeres. Pues de aquí ha salido la campeona del mundo de esta disciplina de los últimos dos años.

¿Es esto razonable? No lo es.

¿A qué se debe? ¿Qué tenemos los españoles que nos hace capaces de hazañas como estas? Yo aporto dos explicaciones.

a) Una vez escuché a un directivo francés, que pasó varios años en nuestro país dirigiendo la división española de la multinacional, hablar de la diferencia entre los trabajadores españoles y los franceses. Me habló de entrega y de pasión.

Me explicó que en nuestro país había encontrado algo que nunca había visto entre sus coetáneos: un grado de implicación y una visión épica de la vida que hace posible que, si uno logra involucrar en un proyecto a los profesionales ‘made in Spain’, te acaben dando su alma si es preciso.

Es sobrecogedor –añadió- observarles trabajar como si no hubiera un mañana y como si la empresa fuera suya. Son capaces de dejarse la vida en el empeño. Menuda combinación.

b) Un militar de alta graduación me explicó en otra ocasión por qué los mandos españoles destacan, frente a sus iguales de otros países, en las maniobras y ejercicios internacionales. Me habló de capacidad de improvisación, de pragmatismo y de creatividad.

Me dijo que los norteamericanos, con unos medios y una experiencia infinitamente superior a la nuestra, por ejemplo, conocen muy bien los protocolos y manuales pero apenas saben salirse del guión. Cuando se trata de adoptar decisiones en momentos críticos, se atascan; no son buenos descubriendo alternativas.

Los españoles tienen buena preparación pero destacan sobre todo por su habilidad para encontrar la mejor solución ante lo inesperado. Somos creativos y determinados. A esto hay que añadirle, añadió, una gran capacidad para empatizar –de verdad, sinceramente- con las poblaciones locales que se asientan en territorio hostil.

Los españoles estamos muy necesitados de subir nuestra autoestima. Llevamos años haciéndonos mucho daño por la crueldad con la que nos juzgamos, a nosotros mismos y a nuestras capacidades.

Es muy importante gozar de los Javier Fernández y Carolina Marín. Porque suponen un chute de confianza en nuestras posibilidades que nos va a venir estupendamente. Seguro.

Más en twitter: @javierfumero

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Javier Fumero

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