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In dubio, chorreo

Nos gusta autoflagelarnos, nos encanta ponernos a parir. Tirar de fatalismo y negatividad. Somos muy malos, de lo peor: mezquinos, mediocres, incapaces. Todos nos superan. Por ahí, todos nos dan mil vueltas. Sin embargo, resulta que fuera dicen otra cosa muy distinta de los españoles.

No me lo invento. Acabo de leer en Expansión una breve entrevista al director general de Hugo Boss, Stephan Born, que lo confirma. Sus palabras: “En España se trabaja con más chispa y emoción”. Y lo explica:

-- Se trata de un país con “un potencial creativo y emocional muy grande. Cuando las personas entienden la visión de la compañía, la pasión que empeñan es increíble. La clave está en crear esa visión e ilusión. Pero la gratitud de un equipo motivado puede ser infinitamente mayor que en otros países como Alemania. Aquí se trabaja bien y con más chispa”.

Todavía recuerdo una larga charla que mantuve, años atrás, con el consejero delegado de una compañía francesa, asentado en España. Me dijo exactamente lo mismo: el empuje del trabajador español que se encuentra implicado y motivado es abrumador; impensable en Francia, donde nadie se entrega a su trabajo de esa manera.

Lo escuché también en boca de un militar de muchos galones. Los cuadros de mando españoles son muy valorados internacionalmente por su creatividad. No hay parangón en la lucidez con la que un oficial español se maneja ante los imprevistos, en situaciones insospechadas, no previstas en un manual.

Sin embargo, ahí estamos nosotros: lamiéndonos las heridas. “Somos un desastre: siempre lo hemos sido”. “Es que no damos ni una. Somos muy malos”. “No compensa ilusionarse. Lo nuestro es estar ahí abajo: ese es el lugar que nos corresponde”.

Parece como si esta España Profunda sólo supiera razonar con el estómago, a golpe de condena irremediable. No hay moderación, ni tamiz, ni proporción. In dubio, chorreo. En la duda, un buen puñado de reproches.

Una vez escuché decir que esta tendencia al fatalismo de los españoles tiene su historia. Se comenzó a cimentar muchos siglos atrás:

-- Sería fruto de la influencia judía a su paso por nuestro país (un pueblo que relaciona el fracaso en cualquier orden de la vida con el abandono por parte de Yaveh); responde al peso de las tribus celtas en la mitad norte peninsular (melancolía por los cuatros costados); y es consecuencia del propio efecto de un pensador hispano como Séneca, también proclive al desaliento y a la desesperanza.

Ojalá algún día podamos espantar, por fin, a ese taciturno que todos llevamos dentro. Nos irá mucho mejor. Seguro.

Más en twitter: @javierfumero

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Javier Fumero

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