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Meigas en La Moncloa

Deben haber sido la meigas. Es la única explicación que encuentro a lo que ha sucedido. Mariano Rajoy acaba de anunciar que retira el anteproyecto de Ley Orgánica de Protección del Concebido y los Derechos de la Embarazada redactado por el Ministerio de Justicia.

Con esta decisión, Mariano incumple de forma flagrante –por segunda vez en lo que va de legislatura- el programa electoral del Partido Popular con el que el presidente concurrió a las elecciones generales en 2011 y pidió el voto a los españoles.

La cuestión es grave. Porque Rajoy es reincidente.

La primera vez que el presidente abjuró de su propio credo anunció una subida de impuestos, el incremento del IVA y la creación del banco malo. Había puesto negro sobre blanco, con declaraciones públicas expresas, que nunca tomaría esas medidas si llegaba a La Moncloa. Esas palabras quedaron en papel mojado.

El presidente aludió entonces a causas de fuerza mayor. El país estaba peor de lo que había pensado y el plan trazado no servía. El enfermo exigía medidas extraordinarias –dijo- que nunca hubiera querido tomar.

Rajoy ha justificado ahora la espantada de la ley del aborto argumentando que no ha encontrado el consenso suficiente para sacar la ley adelante. Por aquel entonces, al inicio de la legislatura, se pasó el consenso por el forro: los ‘populares’ andaluces le anunciaron que iban a pagar en sus carnes el incumplimiento. No les hizo caso y así pasó lo que pasó: el PP perdió en Andalucía una mayoría absoluta que tenía en el bolsillo. Ahora parece que el consenso sí importa.

Pero cuando digo que las meigas han hecho acto de presencia en La Moncloa me refiero también a otra cosa. Rajoy basó su campaña a las generales en una premisa: se había acabado el bueno rollo, la mercadotecnia, la ceja, lo políticamente correcto y el guiño postizo. Él era otra cosa.

El gallego transmitió a la ciudadanía que se encontraban frente a otra forma de hacer política. Frente al carisma, llegaba la solvencia, la fiabilidad, la seguridad.

Lo dijo por activa y por pasiva: sería un gobernante predecible, seguro, sensato. Con él no habría espacio para las sorpresas, las insensateces o las largas cambiadas. Iba a ser aburrido pero honesto.

Una parte de los votantes que compraron este discurso, hoy se sienten gravemente defraudados. El líder del PP les engañó. Se comprometió a una cosa pero ha hecho otra. Y eso lo sabe Rajoy.

Por eso digo que las meigas deben haber montado una tienda de campaña en Moncloa. Si no, no se explica.

Más en twitter: @javierfumero

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Javier Fumero

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