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Miedito a los jueces que actúan por “clamor popular”

Es estupendo comprobar que la justicia existe, que el que la hace la paga, que meter la mano en la caja no sale gratis. Eso es muy bueno para un país. Sin embargo, hay una cosa de todo esto que no me gusta un pelo: el afán de notoriedad que demuestra algún juez y el criterio que sigue para realizar su trabajo. Ya lo dijo aquel: “Dios nos libre de los jueces justicieros”.

No sé si leyeron este domingo en El Mundo la entrevista que le hizo el periodista Carlos Segovia al juez Eloy Velasco, titular del juzgado de instrucción número 6 de la Audiencia Nacional y responsable de la Operación Lezo que ha llevado a prisión a Ignacio González.

En un momento de la charla, dijo lo siguiente:

-- “Los jueces tenemos que interpretar la Ley conforme al pueblo. Somos gente del pueblo y el pueblo no perdona apropiaciones económicas o desfalcos como los perdonábamos antes”.

¿Perdón? ¿Que el juez interpreta la ley conforme a qué? ¿Que antes se entendía la labor del juez de qué manera y ahora de qué otra? Y ese cambio, ¿quién lo ha ordenado? ¿dónde se recoge? ¿con qué criterios se aplica?

Lo que nos ha dicho Velasco es bastante inquietante. Los jueces son investidos por la ciudadanía de una autoridad excepcional para que impartan Justicia. Única y exclusivamente para eso. Por lo tanto, sólo se deben a la ley, al derecho, a los reglamentos aprobados. Nada más.

En ese sentido es especialmente importante que suceda lo contrario de lo que propone el juez Velasco: ni la opinión pública debe influirles, ni las campañas desplegadas por nadie, ni las tendencias del momento, ni el estado anímico personal o de un familiar. Eso no debe suceder. Eso es una bomba de relojería.

¿Cambian las penas? Sí, claro. Por consenso, modificando una ley tras un concienzudo debate donde se valoran pros y contras. Sólo en estos casos, se considera en qué momento estamos y cuál es el sentir de la sociedad. Sólo en esos casos.

Hay que temer a los jueces que actúan por “clamores populares”. Como a un nublado. Porque los carga el diablo. Dos ejemplos:

a) Los jueces estrella. Es una de las peores perversiones de la profesión. Quien busca el aplauso social, los focos o las medallas termina por acomodar el derecho a lo que provoca entusiasmo y fervor, el aplauso de la mayoría. Y uno lo que desea es que le hagan justicia conforme a Derecho… guste o no a las televisiones.

b) En la era de la posverdad es especialmente fácil manipular. ¿Quién establece cuál es el clamor de un pueblo? Tenemos casos recientes de auténticas campañas orquestadas para crear estados de opinión. En algunos platós televisivos se realizan juicios paralelos, se condena y se absuelve sin pruebas  ni respetar las debidas garantías. ¿Todo eso debe servir de criterio para los fallos judiciales? No lo creo.

Más en twitter: @javierfumero

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Javier Fumero

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