Jueves 23/02/2017. Actualizado 01:00h

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La Reina Letizia está seria

Me llamó la atención el gesto serio, adusto, de la Reina Letizia durante toda la mañana del jueves, en el trascendental acto de su marido el Rey Felipe VI que asistía, junto a sus hijas Leonor y Sofía, a la primera ceremonia de apertura de las Cortes Generales desde que ocupa el trono.

Me llamó la atención por varios motivos.

Es la primera vez que veo a doña Letizia desentonar, no estar a la altura de un acto institucional del máximo nivel. Ella, que se formó junto a la Reina Sofía, tuvo la mejor maestra en el arte del ‘saber estar’, de superar por elevación las propias agitaciones. Por entrega a un país y a un pueblo.

Letizia estaba como enfadada y, lo que es más importante, quiso que quedara bien patente. No escondió su incomodidad.

¿Qué enfadó a la Reina? No lo sabemos. Se han apuntado diversas hipótesis: desde una posible irritación por el desplante de los nacionalistas y Podemos, hasta un profundo desacuerdo por haber tenido que sacar a las niñas de la rutina escolar de forma, a su juicio, prematura.

Son especulaciones. Nadie ha confirmado ningún extremo. De hecho, algunos sostienen que se están sacando las cosas de quicio, que su rostro serio, grave, podría obedecer a cuestiones de protocolo, por solemnizar aún más el acto en el Congreso de los Diputados.

Me desmarco de esta última tesis porque vi a la Reina mostrando deliberadamente un gesto sombrío. Quería enviar un mensaje. No sé cuál. No sé a quién. Pero pienso que no hizo bien. Y lo que es peor: no presagia nada bueno.

La Reina Letizia tiene derecho a decir lo que piensa, a tener criterio propio y a pedir que se le escuche, faltaría más. De hecho, me gustaría que mi reina fuera así.

Pero va a tener que afrontar en los años venideros situaciones mucho más complicadas que esta, circunstancias que ella enfocaría quizás de otra manera y resolvería de forma distinta. Es probable que su marido o la propia Casa del Rey vuelvan a tener una opinión distinta y querrán que ella esté ahí, a pesar de todo.

¿Volverá a escenificar en esos casos su malestar? ¿Se transformará su contrariedad en desplantes más patentes? ¿Llegará a erosionar su relación con el Rey? Cuando crezcan las niñas, ¿esa disparidad de criterios provocará desunión del padre con las hijas?

Y sobre todo: ¿a quién beneficia esta dinámica? Yo tengo una cosa muy clara: al pueblo español, no.

Más en twitter: @javierfumero

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Javier Fumero