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Los tres errores de Rajoy con Cataluña

Ahora que ya pasó el 9-N vamos a decirlo: Mariano Rajoy no ha acertado en la respuesta que ha dado al desafío que Artur Mas lanzó al Gobierno desde Cataluña hace dos años.

A mi juicio, tres han sido sus errores:

1. Erró en el enfoque correcto de la cuestión. El órdago de CiU no es fruto –como han pensado algunos- de un simple ‘calentón’ de Artur Mas o una estrategia oportunista dirigida a tapar la crisis económica de la región: esconde un verdadero descontento popular, ciudadano, de base, hacia el tipo de relación que Madrid tiene con Cataluña.

El modelo autonómico está agotado y exige otro paradigma que es preciso definir ahora. Entre todos. El actual ha sido muy útil pero hay que adaptarlo a los tiempos. Los catalanes no se sienten cómodos con su estatus: afrontemos un cambio y se acabó, antes de que los independentistas (que son minoría) se aprovechen del desencanto de la mayoría.

Mariano Rajoy ha perdido la oportunidad de liderar esta transformación que precisa el país. Y que afrontaremos antes o después.

2. Dejó el problema para después. Rajoy no entendió la verdadera dimensión del conflicto. Y quizás por eso, dejó su solución para más adelante. Esta actitud no es nueva en el líder del PP. Suele afrontar así los retos.

En este caso dijo que tocaba resolver la crisis económica y sólo había esfuerzos para eso. Y se acabó. Pero la amenaza del rescate financiero de España, siendo una cuestión trascendental que se abordó con diligencia y acierto, era un problema episódico. La cuestión catalana, no.

En 2012, Rajoy tenía margen de maniobra suficiente para evitar llegar a donde hemos llegado, con el asunto enquistado y los ánimos encendidos.  Ahora, en periodo pre-electoral (con la municipales y autonómicas, a la vuelta de la esquina; y con las generales, a un año), todo es mucho más complicado.

3. Cataluña necesita más cariño. Lo he dicho en alguna otra ocasión y muy pocos se han mostrado de acuerdo conmigo, pero sigo pensando lo mismo: a Madrid le ha faltado mucha mano izquierda en esta cuestión. Desde siempre pero especialmente desde la famosa Diada de septiembre de 2012.

El catalán es un pueblo sentimental, sensible, educado, honorable, con respeto a la palabra dada y amante de las buenas formas. En ocasiones desde la capital de España se ha humillado innecesariamente a los catalanes, ofendiéndoles muy profundamente y de forma gratuita. No, no, no, no… siempre no.

Eso ha calado a fondo en la sociedad catalana hasta generar un malestar de fondo, un resentimiento profundo en personas distinguidas y muy nobles que ahora se han perdido en histrionismos.

En la base de todo lo que está pasando se encuentran esos desplantes, ese desafecto con el que les ha tratado Madrid desde hace más de treinta años. Algo que se podía haber evitado. ¿La solución? Cariño; no bofetadas. Con muestras de respeto, gestos de simpatía y afinidad es muy sencillo ganarse a los catalanes. Ya estamos tardando.

Más en twitter: @javierfumero

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Javier Fumero

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