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El silencio de la Reina

Hay silencios que lo dicen todo y palabras que no dicen nada. También en esta crisis brutal que atraviesa la Monarquía española.

Son momentos difíciles para la Casa Real. Demasiados frentes abiertos. La herida provocada por aquella cacería en Botsuana no ha terminado de cicatrizar. El caso Corinna sigue latente. La imputación de la Infanta Cristina ha sido una auténtica bomba, detonada con espoleta retardada: al son que dictan los correos de un tal Diego Torres.

La cuenta en Suiza de don Juan ha venido a complicar más las cosas. Y ahora, dos libros sobre Letizia Ortiz por si no querías arroz, catalina.

En este contexto, digo, me llama la atención el elocuente silencio de la Reina.

Su mudez comenzó hace exactamente un año, cuando el Rey fue internado en el hospital San José de Madrid para una intervención quirúrgica por una fractura triple de cadera que se había hecho en Botsuana.

Doña Sofía tardó cuatro días, cuatro, en acudir al centro médico para ver al Rey. La famosa cacería le pilló en Grecia, celebrando la Pascua ortodoxa, pero no cambió su agenda. A sabiendas de que ese gesto, esa tardanza, iba a provocar muchos comentarios.

A la Reina se le entendió todo. Y ella quería que así fuera, que nadie lo dude. Fue como un susurro quieto: “hasta aquí hemos llegado”.

Doce meses después, sigue entre bastidores, ejerciendo. Sufriente. Leal. Firme. Un faro.

Lo he escuchado alguna vez. Las monarquías han demostrado siempre una especial capacidad de sobreponerse a las catástrofes.

Sólo hay que mirar lo sucedido en el Reino Unido. El pasado mes de junio la celebración del jubileo de Isabel II en el trono de Inglaterra desató una euforia monárquica nunca vista en el país. Y hablamos de una dinastía bastante baqueteada por sucesos bochornosos.

En Holanda, el marido de la Reina Beatriz fue cazado con dinero procedente de sobornos. Años después, acaba de anunciar su abdicación entre alabanzas, vítores y muestras de cariño sin igual.

Este país alguna vez deberá rendir a la Reina el homenaje que se merece. Digo yo.

Más en twitter: @javierfumero

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Javier Fumero

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