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El sueldazo del presidente de Cataluña

Siempre he dicho que deberíamos pagar mejor a nuestros políticos. Lo contrario es un grave error, semejante a escupir hacia arriba: acabas tú  mismo pagando la ocurrencia.

Todavía recuerdo la pregunta que me lanzó un directivo de televisión hace algunos años durante una comida: ¿Te parece razonable que Zapatero cobre diez veces menos que el consejero delegado de Telecinco?

Efectivamente, el presidente del Gobierno había decidido congelarse el sueldo e iba a ingresar aquel año 91.982 euros, repartidos en doce mensualidades. Días antes, Telecinco había hecho pública la remuneración total de Paolo Vasile: 1.100.000 euros.

¿Es esto sensato? Yo creo que no. Si queremos que nos gobiernen los mejores, que se dediquen a la política los profesionales más cualificados del país, el puesto de trabajo debe estar bien remunerado. No hay otra.

Porque aquí, romanticismos, los justos. A nadie se le puede exigir un acto de heroísmo, el amor desinteresado al bien común, la entrega a fondo perdido por una nación. El altruismo es digno de alabanza pero no se puede imponer. Por eso mismo, habrá que animar (con un sueldo más que digno) a los ciudadanos realmente valiosos para que –ahí es nada- se ocupen de dirigir nuestros destinos. ¿La causa no merece la pena? ¿No es lo lógico?

A nadie se le escapa –insisto: demagogias aparte- que ser político exige una renuncia brutal: renuncia a un horario decente, a buena parte de la propia vida privada; exige viajar sin mirar días, ni meses, ni fines de semana; evitar determinadas zonas públicas; comporta incluso en ocasiones depender de un servicio de escolta, vigilancia en la casa; renuncia en muchos casos a educar personalmente a los propios hijos, a no estar cerca de la esposa o del marido en momentos cruciales...

Todo eso, digo yo, exige una nómina a la altura de las circunstancias. En caso contrario, se producirá (y de hecho, se está produciendo) un efecto perverso: sólo optarán a semejante sacrificio los que no tengan mejores expectativas, es decir, los mediocres. Sólo harán carrera política los que no tengan más remedio que medrar porque no están cualificados para ningún trabajo mejor.

Se me ocurre incluso otro motivo más. Creo que si el político está bien pagado y se valora mejor esta profesión, se evitarán casos de corrupción. Las tentaciones de meter la mano en la caja serán menores si uno recibe un estipendio adecuado. Si sirve para mejorar el nivel de nuestra clase política será dinero bien empleado.

Dicho esto, ahora quiero abordar otra cuestión. Estamos en tiempos difíciles. Ahorrar es muy necesario y predicar con el ejemplo, más todavía. En estos años de grave crisis económica, con tantas empresas que se tambalean y tantos puestos de trabajo en juego, muchos profesionales han optado por bajarse el sueldo con tal de asegurar la viabilidad de la empresa.

Se trataba de una medida temporal, dirigida a favorecer la supervivencia de la compañía. Una cesión transitoria, por causa de fuerza mayor, con toda la lógica del mundo pues evitaba un mal mucho más grande.

Por todo lo dicho, la decisión que tomó Carles Puigdemont a principios de año de incrementar su sueldo un 6,3% con respecto a lo que cobraba su antecesor Artur Mas resulta obsceno. Máxime cuando acabamos de saber que el déficit público español cerró el 2015 en el 5,16% del PIB, en torno a los 55.000 millones de euros, casi un punto por encima de lo pactado con Bruselas (4,2%) y de las últimas previsiones adelantadas desde el Gobierno (4,5%).

¿Qué ha pasado? Varias cosas. Pero observando la letra pequeña de nuestras cuentas vemos que Cataluña cerró 2015 con un déficit equivalente al 2,70% de su PIB, el mayor de todas las comunidades y lejos del 0,7% permitido. Por eso, Cristóbal Montoro ha sido tan duro con esta región: el año 2015 –ha dicho- los gestores públicos catalanes “lo dedicaron a si convocaban o no convocaban unas elecciones”. “Así se trabaja muy mal”, sentenció. “No se ha hecho nada en toda la legislatura”.

Hoy podemos añadir que también han utilizado este tiempo para subirse el sueldo, recuperando una paga extra que Artur Más había eliminado. Puigdemont cobrará 145.471 euros. Ingresará un 84% más que el Presidente del gobierno central, Mariano Rajoy,  que el presidente de Italia, Matteo Renzi, y que el presidente de Rusia, Vladimir Putin.

No lo entiendo.

Más en twitter: @javierfumero

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Javier Fumero

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