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Por qué todavía no hay pillaje en España

La cifra que se dio a conocer este jueves es abrumadora: en el primer trimestre del año se contabilizaron 6.202.700 parados en España. Se trata de un récord histórico. Pero la letra pequeña de ese cálculo es aún peor.

El desempleo alcanza al 36,8% de los andaluces. Un 57,2% de los jóvenes de hasta 25 años no encuentra trabajo en estos momentos. Casi 3,5 millones de personas llevan más de un año buscando empleo. Y la puntilla: en nuestro país hay 1,9 millones de hogares con todos sus miembros en paro. Son 177.700 más que hace un año y 72.400 más que a finales de 2012.

Con estos números hay algo que resulta difícil de entender: apenas hay pillaje en las calles, no se producen actos de sabotaje brutal, ni asaltos a supermercados o a tiendas de alimentación en general.

Evidentemente no me refiero ahora a los incidentes de acoso y coacción promovidos por Ada Colau contra políticos del PP, ni a estos movimientos de asedio al Congreso. Se trata de actos politizados, promovidos con fines puramente ideológicos, dirigidos desde plataformas de izquierdas y ejecutados en muchos casos por antisistemas y radicales.

No digo que no sean iniciativas legítimas si logran evitar la violencia. Digo únicamente que yo hablo aquí de otra cosa.

Cuando los ciudadanos están desesperados, cuando en una casa se pasa hambre y miseria de verdad, se recurre a lo que sea por sobrevivir. Así nació el concepto de hurto famélico. A eso me refiero.

Insisto: los datos son tremendos. Casi dos millones de familias sin ningún tipo de ingresos, de forma sostenida desde hace casi dos años es algo insostenible, desesperante.

A mi modo de entender, hay dos factores que permiten explicar que, en este contexto, la situación social no se haya salido de madre, no se haya producido todavía en España un estado de auténtica emergencia nacional. A saber:

a) La economía sumergida. No me gustan las formas que utiliza Cristóbal Montoro. Ni esa extraña sensación de estar siendo gobernado por un poli malo, permanentemente cabreado, fiscalizador y puntilloso. Pero entiendo el sentir del Ministerio de Hacienda: en este país hay quien sobrevive gracias a negocios que se facturan en negro y a trabajos ‘en B’ no declarados.

b) La familia. Creo que gran parte de esta crisis está siendo digerida en algunos hogares gracias a la generosidad, imaginación y sacrificio de muchos padres y abuelos. Hay quien está estirando la pensión para que algún hijo y algún nieto tenga algo que echarse a la boca cada día. Hay sueldos que se están estirando hasta lo indecible.

La clase política debería tomar nota no sólo del primer fenómeno, que ya ha identificado y combate celosamente, sino también del segundo.

Más en twitter: @javierfumero

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Javier Fumero

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