Miércoles 18/10/2017. Actualizado 01:00h

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Nos va a costar cara tanta terquedad

Hola a todos. Vuelvo de vacaciones y me encuentro un país sin gobierno, con la clase política enrocada, con posturas cerriles y sin que se vislumbre una salida. Es grave.

Durante estas semanas, me he cruzado con muchos españoles, con mayor o menor cercanía a lo que se cuece en Madrid. He encontrado en todos ellos un denominador común: el hartazgo. No es un fenómeno completamente nuevo, es cierto, pero ponerle nombre y cara a la desafección de la ciudadanía, impresiona.

Mariano Rajoy, Pedro Sánchez, Albert Rivera, Pablo Iglesias y todos los que tienen voz y voto en la gestión de la investidura del próximo presidente del Gobierno no parecen darse cuenta del riesgo que están corriendo. O sí –porque no son nada tontos- pero, valorando opciones, consideran más importante pelear por su futuro que lo que les suceda a los españoles.

Todo esto canta mucho. Es inaguantable y bochornoso. No tiene un pase. Pagamos a los políticos para que trabajen por el país. Delegamos en ellos la gestión de la cosa pública. Contamos con que sean capaces de solucionar precisamente cuestiones como estas. Que logren entendimientos y consensos.

Si no valen para eso, si no logran ponerse de acuerdo, que se marchen a casa, que se dediquen a otra cosa. No valen para la encomienda que les hemos dado.

Por eso, los españoles no vamos a pasar por unas terceras elecciones sin hacernos oír. Estoy convencido de que nuestros políticos lo saben: la respuesta a una nueva convocatoria sería una abstención brutal que haría temblar las estructuras del Estado. Ellos lo saben, insisto.

¿Qué hacer ahora? La solución no es sencilla. La cosa da incluso miedito porque estamos ante un problema de terquedad, de empecinamiento. En algunos casos, incluso de mera supervivencia: algunos actores consideran que se encuentran ante la única oportunidad que van a tener en sus vidas de ser presidentes o ministros. Eso o la calle, donde hace tanto frío. Y en estas circunstancias, las apelaciones a la sensatez no valen de nada.

Es la política en general quien va a salir muy dañada de todo lo que está pasando. Crece la desafección hacia los políticos y las instituciones. Se van a cargar lo que tanto trabajó costó construir. Es una vergüenza.

Más en twitter: @javierfumero

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Javier Fumero

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