Sábado 01/11/2014. Actualizado 01:00h

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No va a pagar ni su padre

Pongo en antecedentes a aquellos lectores que no sean residentes en Madrid. El Ayuntamiento de Madrid ha decidido incrementar las tarifas del transporte público con una curiosa medida: los usuarios del billete sencillo (no abono) de Metro tendrán que pagar distintos precios en función de las paradas que recorran.

El billete sencillo va a costar 1,50 euros para un trayecto de cinco estaciones. A partir de la sexta parada, se abonarán 10 céntimos más hasta un máximo de dos euros.

¿Cuál es la cuestión? Que este sistema exige un control de los usuarios no sólo al entrar en el suburbano, como hasta ahora, sino también al salir. Y no. El consistorio ya ha dejado claro que no va a instalar nuevos tornos que permitan fiscalizar el cumplimiento de la nueva disposición por problemas presupuestarios.

Por lo tanto –y este es el meollo de la cuestión que hoy les traigo a su consideración-, el control del nuevo billete va a depender del compromiso cívico de los usuarios. Habrá inspectores para revisar los billetes pero ya no se persigue a alguien que se cuela sino las paradas que uno ha realizado, porque a futuro no se puede comprobar nada.

Pues bien. Lo que digo es que en esta España Profunda nuestra mucho me temo que serán muy pocos los que voluntariamente se sometan al incremento de los precios. En España no somos así.

Todavía recuerdo el impacto que me causó hace casi treinta años una breve estancia en la ciudad suiza de Ginebra al comprobar, por ejemplo, que allí las máquinas expendedoras de periódicos estaban completamente abiertas y llevaban en un lado una pequeña ranura para insertar monedas.

Insisto: no funcionaba con un mecanismo automático que, al introducir el importe, te servía el diario. No. El suizo medio abría con diligencia el recipiente, cogía uno (o los periódicos que quisiera, porque no había límite) y dejaba en el otro lado el dinero, sin sentirse obligado.

Yo pensé, quizás con demasiada malicia, que en España ya hubiera desaparecido de la acera hasta el artilugio expendedor, que no estaba sujeto con cadena a ninguna parte. Buenos somos.

No digo nada de esto con orgullo. Al revés. Me apena que en nuestra cultura no haya un poquito más de civismo grabado a fuego en el ADN patrio.

Seguro que seríamos más felices.

Más en twitter: @javierfumero

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