Jueves 26/05/2016. Actualizado 14:27h

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Defensa

Los militares denuncian fallos graves en el operativo

El Gobierno rechazó el ‘plan B’ del Ejército para asumir la crisis del ébola con sus expertos NBQ

Críticas: se rompió la cadena de aislamiento, utilización de personal no entrenado, se mandó a casa a personas que estuvieron con el enfermo. Propuso montar un hospital de campaña en Torrejón y fue descartado

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La investigación sobre la cadena de errores que llevaron al contagio de ébola de la enfermera Teresa Romero ha puesto al descubierto otra novedad: el Gobierno dispuso de un ‘plan B’ ofrecido por el Ejército y no lo aceptó. Una alternativa que, según los expertos en NBQ, habría garantizado un “protocolo blindado” que garantizaba el ‘riesgo cero’ de que el virus fuera trasmitido a personas.

Miembros del Regimiento RNBQ Nº 1 durante unas maniobras. Miembros del Regimiento RNBQ Nº 1 durante unas maniobras.

Fuentes militares expertas en materia NBQ (nuclear, bacteriológico, químico), a las que ha tenido acceso El Confidencia Digital, revelan que desde el Ejército se planteó al Gobierno desechó que fueran efectivos de las Fuerzas Armadas, especialmente entrenados y cualificados internacionalmente, quienes gestionaran el tratamiento a los dos religiosos repatriados infectados de ébola. Sin embargo, la propuesta resultó rechazada y se decidió que el ministerio de Sanidad se hiciera cargo del asunto.

Reunión de expertos en bioseguridad

Las fuentes consultadas relatan que, en los primeros días de agosto, se produjo una reunión por videoconferencia entre representantes de los ministerios de Sanidad, Defensa e Interior y de la Agencia Española de Cooperación Internacional. Se contó con la aportación de expertos en materia bioseguridad, entre ellos, militares.

En esa 'cumbre' quedó cerrado el protocolo para la repatriación y tratamiento de Miguel Pajares, el primero de los misioneros infectados por el virus durante su estancia en Liberia.

Tras adoptar primero la decisión de retornarlo a España, se pusieron sobre la mesa las posibilidades de actuación una vez el paciente estuviese en territorio nacional.

El Gobierno decidió que fuese el ministerio de Sanidad quien tomara el control de la operación, y quien, por tanto, se haría cargo del ingreso y tratamiento del paciente en un hospital de referencia en Madrid.

Pese a que el Carlos III, el centro especializado en enfermedades tropicales, no estaba habilitado al cien por cien, las autoridades sanitarias civiles confirmaron en ese encuentro que los medios técnicos y humanos estarían disponibles en ese hospital antes de la llegada del ‘paciente cero’.

Se desechó la opción militar

En esa reunión, responsables de Defensa pusieron sobre la mesa un ‘plan B’: que fueran  expertos militares en materia NBQ se ocuparan del caso, con sus propios protocolos de actuación, y movilizando para ello medios y efectivos de la Escuela Militar de Defensa NBQ (Hoyo del Manzanares, Madrid), de la Unidad Militar de Emergencias (con base en Torrejón), del Regimiento NBQR 'Valencia' Nº 1, y de la Unidad de Apoyo Logístico Sanitario

Se trata, explican a ECD las fuentes militares, de las unidades más preparadas a nivel nacional ante este tipo de amenaza.

La propuesta, por causas desconocidas para ECD, fue rechazada.

Un protocolo “mil veces ensayado”

Sin embargo, sí se aprobó que fuera la Unidad Médica de Aeroevacuación del Ejército del Aire (UMAER) la que, con aviones del Grupo 45, procediera a rescatar al misionero en Liberia, y lo mismo se aplicó con el segundo desde Sierra Leona.

Esta decisión, relatan las fuentes consultadas, se tomó al ser la UMAER la única unidad capaz de llevar a cabo esta misión en máximas condiciones de seguridad. De hecho, añaden, el Ejército del Aire tiene un protocolo “mil veces ensayado” desde hace décadas para tratar casos similares. En esta ocasión sólo hizo falta adaptar ciertos aspectos del manual al caso del ébola.

“El protocolo de seguridad en el traslado no se rompió en ningún momento, a la vista está que no hay ningún miembro de la UMAER o del Grupo 45 contagiados. Y eso que el traslado supone tener contacto durante horas con un enfermo altamente contagioso, primero por carretera y después por aire, en un espacio muy reducido. Todos los movimientos del equipo médico estuvieron supervisados por un teniente coronel de la Unidad”, explican fuentes militares que conocen de cerca la operación.

De hecho, cuando el Jefe del Estado Mayor de la Defensa, Fernando García Sánchez, fue preguntado por el operativo contra el ébola, se limitó a decir que los militares habían “cumplido el protocolo”.

“Si haces eso, estás muerto”

Sobre las normas a la hora de colocarse el traje de protección, un militar con amplia experiencia explica que es necesario “ponérselo y quitárselo cientos de veces antes” para aprender a hacerlo en condiciones de seguridad.

“Mientras aprendes a hacerlo, tienes un mando detrás dándote una colleja cada vez que cometes un error. Te dice: ‘Si haces eso en un caso real, ya estarías muerto’. Un curso teórico de unas horas no es, ni mucho menos, suficiente” concluye. "Y aún así es necesaria la ayuda de dos personas para ponérselo o quitárselo”.

Otras fuentes explican que el personal militar dedicado a la lucha NBQ “está especialmente instruido para soportar las duras condiciones físicas, y sobre todo psicológicas, que suponen el uso prolongado del EPI (el traje de protección).

El personal militar llega a realizar simulacros y maniobras en los que hay que llevarlos puestos “durante 8 horas casi ininterrumpidas. Y tras ellas debes quitártelo y desinfectarlo mientras te mueres de ganas por rascarte o te cae el sudor por la cara”.

Fallo principal: la ausencia de aislamiento

Uno de los principales errores que destacan los expertos militares consultados por El Confidencial Digital son los fallos en la cadena de observación que debe aplicarse a todos los sanitarios y personal que entre en contacto con los enfermos del virus.

Los manuales NBQ que utilizan las unidades españolas especializadas incluyen entre sus prioridades las denominadas “contramedidas sanitarias”: una escrupulosa aplicación de precauciones higiénicas entre el personal que entra en contacto con agentes infecciosos.

Entre las medidas que se indican se encuentra el ROM (Restriction Of Movement, restricción de movimiento) de todos aquellos efectivos que puedan haber tenido un contacto directo o accidental con el virus.

Se aplica una plan de vigilancia máxima durante un largo periodo de tiempo, que incluye pruebas médicas cada 48 horas para detectar si existen indicios de contagio entre el personal. Pruebas a las que han sido sometidos –y continúan haciéndolo- los miembros de la UMAER que participaron en las dos repatriaciones.

A ningún mando se le ocurriría mandar a su casa, con su familia, a un militar que ha estado en contacto con material químico o biológico potencialmente letal”, afirman las fuentes militares consultadas

Un hospital de campaña en Torrejón con protección NBQ

Una de las opciones que se barajó entre Defensa y el Estado Mayor, en el caso de que el Gobierno encargase a los militares hacerse cargo de los dos religiosos infectados, era la instalación de un hospital de campaña con protección NBQ en la base de Torrejón, para iniciar allí el tratamiento, en espera de una mejora y un posible traslado a otras instalaciones.

Otra posibilidad estudiada también fue el traslado a otra instalación militar preparada, e incluso que los enfermos fuesen tratados en Paterna (Valencia), sede del Regimiento RNBQ Nº1.

“En cualquiera de estos casos se habrían reducido considerablemente los riesgos de exposición, al no tener que introducir a un ‘paciente cero’ en una instalación sanitaria civil” explican los expertos militares.

Materiales adecuados a la amenaza

Las fuentes a las que ha tenido acceso ECD destacan también que las unidades especializadas en NBQ de las Fuerzas Armadas disponen de estaciones avanzadas de descontaminación, duchas químicas, y equipos de protección individual (EPIS) de alta protección.

Incluyen máscaras con cartuchos filtrantes HEPA, capaces de impedir el paso a partículas de hasta a 0,06 micrómetros (el virus del ébola tiene un tamaño de 0,1 micrómetros de largo y  0,08 de diámetro).

De hecho, todo este material, así como los procedimientos, han de superar profundas revisiones y exámenes periódicos por parte de la OTAN. Y lo logran. “Es difícil que, tras uno de esos exámenes, los inspectores internacionales no pongan alguna pega, algo que se pueda mejorar. Lo que se busca es la excelencia”.

El Confidencial Digital desvelaba en 2008 una advertencia de la OTAN a las unidades NBQ españolas, en las que ponían en entredicho la efectividad “limitada” de los trajes de protección militares. Poco después, el problema se superó con la adquisición de material más moderno.

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