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Conthe se ríe en privado de los que consideran un fracaso su código de buen gobierno: las empresas han entrado al debate y quedan en evidencia

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El presidente de la CNMV se va jactando en privado de lo conseguido con el ya famoso código de buen gobierno corporativo que está por aprobarse. A su juicio, quién ha quedado en evidencia han sido las empresas cotizadas: “los inversores tomarán buena nota de lo sucedido”, explica.

El análisis que realiza Manuel Conthe es el siguiente. Los dos códigos de buena conducta empresarial existentes hasta ahora –el de Olivenza y el de Aldama- fueron impuestos en su momento. De ellos apenas se conoció su intrahistoria, si fueron mutilados, si las empresas estaban a favor o en contra, si eran más o menos exigentes…   Ahora, explica Conthe, hay un salto cualitativo de gran relevancia: aquí ha existido un debate. Los empresarios, con el apoyo de Pedro Solbes, han conseguido recortar sustancialmente el código, es cierto, pero para el máximo responsable del regulador se ha tratado de una “derrota rentable”. Los directivos han participado en el debate y, cuando el texto salga amputado, el presidente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) siempre podrá replicar que las sociedades no quieren un buen gobierno corporativo.   Lo importante, sostiene Manuel Conthe, no es tanto el texto que emane la CNMV sino la discusión que ha generado, que las compañías hayan bajado a la arena y se hayan posicionado.   Hay que tener en cuenta, además, que en esta ocasión se conoce cuál ha salido el código elaborado por el grupo de trabajo, que actualmente se encuentra disponible en la página web oficial de la CNMV, y de aquí a un tiempo también se podrá ver en qué va a quedar finalmente. De este modo –alerta Conthe-, los actores económicos van a poder ver dónde se han producido las famosas amputaciones, realizadas ha instancia de las compañías.   De ahí que, como decimos, Manuel Conthe se vaya jactando del resultado final y transmita sutilmente este mensaje: va a quedar patente hasta qué punto los emisores quieren ser recomendados o no; algún día, determinados inversores tendrán quizá en cuenta los niveles de autoexigencia y autocomplacencia de los emisores a la hora de poner en práctica unas buenas prácticas de gestión corporativa.