Martes 19/09/2017. Actualizado 16:52h

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Dinero

La lección que dio Emilio Botín a su exclusivo equipo de ejecutivos en el Banco Santander: “¿Sabéis cuántas liebres mueren en nuestro campo de golf de Boadilla?”

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Algunos lo señalan como el ejecutivo español más admirado y así lo acaba de afirmar la revista Actualidad Económica, citando un estudio realizado por el Reputation Institute tras preguntar a 3.000 directivos y gerentes. Emilio Botín, presidente del Banco Santander, tiene fama de gestor eficaz y exigente. Una historia sobre unas misteriosas muertes en Boadilla, da buena muestra de su forma de actuar.

Según datos confirmados por El Confidencial Digital, todo comenzó en las instalaciones del flamante campo de golf que la entidad bancaria erigió hace tres años en su ciudad financiera de Boadilla del Monte (Madrid), una instalación deportiva de primer nivel, que figura como uno de los 100 mejores campos del mundo si no se contabilizan los de Estados Unidos.

El campo fue diseñado por el arquitecto norteamericano Rees Jones, con 18 hoyos, un par 72 de casi siete mil metros, que lo convierten en uno de los más largos del mundo. Tiene además sesenta y ocho bunkers y, lo que es más importante, muchos lagos y rías colocados estratégicamente por el terreno para hacer más atractiva la práctica del golf.

Hace poco, el presidente Botín llegó al campo y comenzó a ejercitarse como un día más. Ocurrió que, mientras caminaba hacia uno de los hoyos, se percató de algo extraño: en uno de los lagos flotaba el cuerpo sin vida de una liebre ibérica. Se acercó para interesarse y comprobó que, efectivamente, se trataba de una liebre que estaba muerta.

Inmediatamente llamó a un empleado del campo. Le preguntó qué estaba pasando, y si era muy frecuente que se produjeran esas muertes. La respuesta fue afirmativa. Explicó que no era extraño encontrarse con algo así. Las liebres utilizan habitualmente la vegetación del recinto para protegerse de los depredadores pero no tienen muy desarrollado el sentido de la vista. De ahí que, a veces, huyendo de sus perseguidores, acaben dentro de los estanques del campo de golf. El problema es, al tratarse de lagos artificiales, los márgenes están cortados en vertical, con lo que los animales no pueden salir de ellos y perecen ahogados.

Emilio Botín no se conformó con la respuesta: “¿Y cuántas liebres mueren así cada semana?”. Entre dos y tres, fue la contestación que recibió.

Al acabar la jornada, Botín citó a su equipo de colaboradores más cercano. Quería ver a los ejecutivos que llevan el día a día del banco. Cuando estaban todos en la sala, el presidente salió por donde ninguno imaginaba: “¿Sabéis cuántas liebres mueren a la semana en nuestro campo de golf?”.

La sorpresa fue mayúscula. Nadie estaba preparado para esa pregunta. El asombro dio paso a un incómodo silencio que nadie pudo romper. El presidente dio el dato, y a continuación propuso una tormenta de ideas para solucionar el problema. Él mismo hizo una primera propuesta: colocar vallas metálicas alrededor de los lagos para que no cayeran las liebres. Se debatió a fondo, pero fue rechazado porque resultaba una solución excesivamente ‘agresiva’ para el ambiente. La decisión fue construir en los lagos terraplenes que faciliten en algunas zonas la salida de los animales.

Lo más interesante fue, sin embargo, la reflexión que hizo uno de los directivos a la salida de la reunión, cuando otro de los presentes le interrogó sobre el por qué de aquella salida del jefe.

-- “No lo dudes. No ha sido un interés por el medioambiente, el respeto del entorno natural o por las especies en peligro de extinción. Botín ha querido dejarnos muy claro que él lo controla todo: hasta el más pequeño detalle de lo que sucede en esta compañía. Que no se le pasa nada. Ni lo más nimio. Y nos ha invitado a que nosotros tomemos nota para hacer lo mismo.

Vea una fotografía de la situación de los lagos:

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