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Empleados de Tragsa temen ahora un serio ajuste de plantilla y denuncian la difícil situación por la que atraviesa la empresa

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Tras la publicación en la edición del pasado miércoles de la decisión de la empresa pública Tragsa de prescindir del regalo de Navidad a sus trabajadores para beneficiar a una ONG relacionada con el PSOE, sus empleados han comenzado a manifestar ahora otros temores: un duro ajuste de plantilla que podría afectar a 1.000 asalariados.

Tras la publicación en la edición del pasado miércoles de la decisión de la empresa pública Tragsa de prescindir del regalo de Navidad a sus trabajadores para beneficiar a una ONG relacionada con el PSOE, sus empleados han comenzado a manifestar ahora otros temores: un duro ajuste de plantilla que podría afectar a 1.000 asalariados. Los temores de una parte importante de la plantilla de Tragsa no se limitan al caso conocido ya maliciosamente con el nombre de "el robo de la cesta" o "mi cesta me la donaron" (sic). Se alude de este modo al caso denunciado por ECD por el que los directivos del Grupo Tragsa, integrado en la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI), han decidido privar unilateralmente a sus trece mil trabajadores de la cesta de Navidad y donar ese dinero a una ONG presidida por un ex ministro socialista. Entre la plantilla de Tragsa existe ahora gran inquietud por un posible ajuste de plantilla que podría afectar a unos mil empleados y estaría sembrando de intranquilidad a los trabajadores. Se denuncian además supuestas irregularidades en las contrataciones de personal, hechos que no han podido ser confirmados por este confidencial. Algunos afectados aluden, además, a que la supresión del mencionado "aguinaldo" navideño se remonta en parte a la anterior dirección, de la que formaba parte Quintiliano Pérez Bonilla que, tras ocupar el cargo de director general de Ganadería del Ministerio de Agricultura, fue destinado a Tragsatec por Arias Cañete una vez pasada la crisis de las "vacas locas". En aquellos años, explican, la cesta de Navidad fue suprimida entre los empleados con menos de un año de antigüedad (aproximadamente el 40% del personal, según algunas estimaciones), como un modo de contribuir —dijeron- a la limpieza de las playas de Galicia tras la catástrofe del Prestige. La crítica que se realizó en aquellos meses fue que Tragsa facturaba por entonces al Estado por el trabajo en las costas gallegas. Otro de los reproches dirigidos a Tragsa estos días por sus empleados hace referencia a la fiesta navideña ofrecida recientemente por la dirección de la empresa pública. El ágape tuvo lugar, nada más y nada menos, que en el Estadio Santiago Bernabéu, con un servicio servido por una conocida y costosa empresa madrileña de catering, en un dispendio que ha sorprendido a propios y extraños.