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La alianza entre las oleicas Ybarra-Migasa y Mueloliva deja perplejos a los conocedores del mundo del aceite en Andalucía

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El acuerdo alcanzado el mes pasado por el grupo aceitero formado por Ybarra y Migasa con la empresa cordobesa también dedicada al aceite, Mueloliva, ha dejado perplejos a los conocedores del mundo de la oliva en Andalucía. Mueloliva atravesaba una difícil situación financiera con una deuda tan importante que algunas Cajas andaluzas podrían haberla instado a la quiebra. ¿Qué necesidad tenían empresas tan solventes como Ybarra y Migasa para llegar a este acuerdo?

El acuerdo alcanzado el mes pasado por el grupo aceitero formado por Ybarra y Migasa con la empresa cordobesa también dedicada al aceite, Mueloliva, ha dejado perplejos a los conocedores del mundo de la oliva en Andalucía. Mueloliva atravesaba una difícil situación financiera con una deuda tan importante que algunas Cajas andaluzas podrían haberla instado a la quiebra. ¿Qué necesidad tenían empresas tan solventes como Ybarra y Migasa para llegar a este acuerdo?

 

Hagamos un poco de historia: la cordobesa Mueloliva era una de las principales empresas andaluzas dedicadas a la producción de aceite de orujo. Este sector se vio gravemente dañado por la falsa alarma social levantada en el año 2001 por la entonces Ministra de Sanidad, Celia Villalobos, contra este tipo de aceite.

 

En la República Checa se detectó un exceso de benzopireno (substancia cancerígena) en el orujo español. La reacción de Villalobos fue retirar 55 millones de litros de este aceite, perjudicando seriamente a más de 40 empresas oleicas andaluzas. Pocos días después se demostró que los niveles de benzopireno registrados no suponían ningún riesgo para la salud pública.

 

Precisamente, la semana pasada un tribunal dictó una sentencia por la que se debe indemnizar a las productoras de aceite que sufrieron las consecuencias de esta desproporcionada medida de la Ministra. Los daños económicos y contra la imagen del aceite español son irreparables, algunos grandes importadores de este producto, como era Arabia Saudí, todavía tiene vetada la entrada al orujo proveniente de nuestro país.

 

Algunas personas pertenecientes a empresas aceiteras de la competencia piensan que Mueloliva ha sido una de las grandes perjudicadas por las medidas que en su día adoptó la ministra Villalobos y ven aquí la causa desencadenante del hundimiento de Mueloliva.

 

Sin embargo, un importante directivo del sector apunta otro posible causante del desplome: supuestas desavenencias en el seno de la familia propietaria de la empresa. Según estas mismas fuentes, existía e la sociedad disparidad de criterios a la hora de definir los objetivos e identificar las estrategias necesarias para seguir adelante.

 

En cualquier caso, ¿qué atractivo encontraron Ybarra y Migasa para hacerse cargo de la explotación de las marcas propias de esta sociedad cordobesa?

 

Expertos en el sector del olivar andaluz han declarado a ECD que el acuerdo pudo ser consecuencia de posibles presiones de algunas Cajas andaluzas, que deseaban la reflotación de Mueloliva para poder cobrarse las deudas que la empresa cordobesa habría contraído con ellas.

 

Otros actores niegan la hipótesis anterior. Las Cajas no tendrían poder de decisión sobre Ybarra-Migasa. Es más, apuntan que ya la cooperativa de Antequera, Ojiblanca, había manifestado públicamente su interés por Mueloliva.

 

Los mismos que desechan la hipótesis de las Cajas aseguran que el atractivo viene por el nada despreciable montante que puede sacarse de envasarle sus productos, sin olvidar que se pueden ganar algunos importantes clientes que Mueloliva tiene en el extranjero, como es el caso del nicho de mercado que esta sociedad oleica tendría en Japón. Ybarra y Migasa habrían detectado importantes oportunidades de negocio.

 

Dejando a un lado el tema de esta alianza pero sin salirnos del mundo del olivar, hay que señalar que entre las pequeñas cooperativas aceiteras persisten las quejas por las prácticas que algunas empresas del sector podrían estar realizando.

 

Según ha podido saber este confidencial, se estaría dando el caso de sociedades oleicas que tras adquirir aceite en el norte de África y Turquía como lampante (aceite puro) a bajos costes, lo desodorizan y someten a ciertos procesos químicos para obtener la amargura o la acidez que se desee. El resultado se estaría vendiendo en España como aceite de oliva, incluso virgen extra, a un precio superior.