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¿Somos la octava potencia económica mundial? La última caída del euro frente al dólar deja a España fuera del G-8

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La celebración de la cumbre financiera internacional y la previsible ausencia española en la mesa de negociaciones ha vuelto a abrir el debate sobre si España puede ser considerada como la octava potencia económica mundial o no. Esta es la opinión de reconocidos analistas y expertos económicos al respecto.

A día de hoy no existe consenso ni sobre qué posición ocupa España ni sobre qué ranking es el más adecuado para determinar la coyuntura económica mundial. Los analistas no comparten una posición común sobre si España debe o puede ser considerada como la octava potencia económica mundial.

Aldo Olcese califica de ‘variable matriz que manda’ al PIB en estos casos y destaca la importancia de la paridad euro/dólar en este tipo de comparaciones. Así pues, España logró posicionarse por delante de Canadá y hacerse con el octavo puesto en un momento en el que el euro estaba mucha más fuerte que la moneda estadounidense. Sin embargo, apunta, España “se ha quedado a las puertas” de esa posición, ya que “nunca hemos conseguido batir a los canadienses de forma recurrente y ahora se complica con la entrada de nuevos jugadores en este escenario económico”.

Otro aspecto destacado por el vocal del Consejo Estatal de Responsabilidad Social de las Empresas para valorar la posición real de España en el conjunto económico internacional es lo que denomina como ‘baza europea’. 

Es decir, que los gobernantes españoles no han sabido jugar bien su “carta europea” y en vez de luchar por la inclusión de España en el G-8, han dedicado sus esfuerzos a apoyar la tesis de que la Unión Europea en su conjunto –y por tanto el país- debe de estar presente ‘en bloque’ en el grupo de los ocho motores de la economía mundial.

Por tanto, concluye Olcese, mientras España quede representada en ese conjunto europeo y no de forma individual y mientras que no consiga arrebatar a Canadá el último asiento en el G-8 “por lo menos durante dos años consecutivos”, no puede considerarse que “seamos la octava potencia económica”.

Otro de los primeros elementos de discordia es el indicador sobre el que se articulan estas clasificaciones. Así, mientras el Gobierno se agarra al tamaño de la economía y a su medida en función del PIB para hacerse con el ‘número 8’ de esta lista, son numerosas las voces que apelan a una clasificación menos tradicional y que refleja un mayor número de variables económicas.

Es el caso de organismos internacionales como el FMI, el Banco Mundial o la Comisión Europea, quienes utilizan una clasificación más ajustada al tamaño real de las economía, basada en tipos de cambio que reflejan el poder de compra de cada moneda. Son precisamente estos organismos los que han rebajado el posicionamiento de España hasta el undécimo lugar, duodécimo en algunas ocasiones.

Tal y como explica José Barea a este confidencial, a la hora de categorizar el peso de un determinado país en la economía internacional se suele acudir al Producto Interior Bruto (PIB) por habitante en función de los tipos de cambio que marca el mercado basándose en la paridad con el dólar; o, por el contrario, se mantiene el PIB como referencia, pero fijando la paridad en el poder de compra de cada habitante –y por tanto recogiendo los datos referentes a la inflación-. Si los análisis se ciñen al primer modelo, España si puede considerarse como la octava economía mundial.

Esta posición es respaldada, entre otros expertos, por el Gabinete de Coyuntura y Estadística de la Fundación de Cajas de Ahorros (FUNCAS). María Jesús Fernández, analista de este gabinete, indica que el PIB nacional se referencia con respecto al dólar y que, por tanto, “hay que tener en cuenta que esos tipos de paridad cambian”. Pese a reconocer que se trata de uno de los factores más representativos, resalta que no existe un criterio definido de forma oficial para considerar qué posición ocupa cada país. 

Teniendo en cuenta estas consideraciones, Fernández concluye que “en principio, y a día de hoy, sí que podría ocupar el octavo lugar”. “Otra cosa es cómo acabemos el año, ya que la recesión va influir en los resultados de nuestra economía y es muy probable que perdamos unas décimas en comparación con el PIB mundial, lo que se traduciría en la pérdida de esa posición”.

Barea, por su parte, considera que ese octavo puesto “es discutible y depende del momento”. Por ejemplo, recuerda este experto en económica pública, cuando José Luis Rodríguez Zapatero aseguró hace unos meses que España ya había superado a Italia y que en el plazo de tres años la economía nacional dejaría atrás a la francesa, “se basaba en datos incorrectos”, apuntilla.

Manuel Colinas, responsable del área de Finanzas Corporativas y Mercados del Instituto de Estudios Económicos (IEE), concreta que “macroeconómicamente hablando, no somos el número ocho”. En esta línea, destaca que España siempre está “en guerra por ese puesto” con países como Canadá o Italia y “más ahora, con los últimos datos del PIB y el desempleo”.

De esta forma, para Colinas, los datos que lastran el posicionamiento español son los resultados negativos del paro, la disminución del PIB español frente al total mundial y al de otras economías y la pérdida de competitividad. “No estamos en nuestro mejor momento”, lamenta.

Finalmente, Gonzalo Gómez Bengoechea, economista del IESE, aclara que la utilización de un baremo u otro no responde a criterios de extensión o popularidad, sino de utilidad. Bengoechea explica que "en términos nominales, España está la octava", es decir, que se sitúa en este puesto en función del valor de su producción medido en precios corrientes.

"Si lo medimos aplicando la paridad de poder adquisitivo, somos los duodécimos", destaca. Este sistema de clasificación lo introdujo el FMI a principios de los años noventa con la intención de valorar las variaciones de precios y eliminar la conocida como 'ilusión monetaria' ligada a la variación de los tipos de cambio.

A juicio del economista del IESE, este segundo método facilita las comparaciones entre el nivel de vida de los distintos países, mientas que el análisis en términos nominales del PIB ofrece una imagen del peso de una economía en términos absolutos. Ahora bien, añade, "cualquier posición argumentada en base a uno u otro es totalmente válida".

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