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Flam, de la quiebra al millón de euros

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La crisis y la situación social ha hecho que algunos agudicen su ingenio para localizar nuevos nichos de mercado, sea por necesidad o por creatividad. Este segundo es el caso de Flamingos’ Life. La historia de cómo dos ingenieros y un sociólogo apuestan por un entorno que les era ajeno, el de la industria del calzado y el del marketing online, para embarcarse en un proyecto como jóvenes empresarios y labrarse su propio futuro. 

Flamingos'Life Flamingos'Life

En un primer momento, estos jóvenes emprendedores decidieron apostar por un producto, las cangrejeras de esparto. Sin embargo, no había suficiente mercado para las unidades que tenían en stock, lo que les llevó a la quiebra.

Nuevo proyecto: Mente de principiante. 

Lejos de abandonar su sueño, se hicieron mejores, decidieron volver a empezar como lo hacen los principiantes, dudando de todo y replanteando todos los aspectos del negocio, así que, estos jóvenes emprendedores, cambiaron el producto, la filosofía de empresa y la comunicación: Lanzaron unas zapatillas con un slogan claro “No matamos animales”. Pero antes de todo necesitaban financiación, así que la pidieron a su proveedor para poder lanzar las mil primeras zapatillas que debían de vender en dos meses.

No sólo lo lograron, sino que vendieron 1100 unidades y consiguieron salir adelante. No fue tarea fácil, puesto que 200 llegaron con pequeñas taras, así que una vez más tiraron de ingenio y aprovecharon la oportunidad; decidieron ofrecerlas a los fans con un 50% dto. Las vendieron en una hora. Es más, tuvieron que poner 100 zapas más a la venta, de las que estaban bien, debido a la demanda.

Aumentaron el número de trabajadores

Como se suele decir, el que no arriesga no gana, y los inicios no fueron fáciles. Necesitaban una persona que echara un cable con la atención al cliente, y como no había dinero para pagar, enrolaron en los primeros meses a uno de sus mejores amigos sin pagarle. Ahora, él forma parte de una plantilla de diez personas. Un compromiso con él y un compromiso con la sociedad, puesto que son lo que ahora se llama socialmente responsables ya que aportan su granito de arena con causas justas como la Médicos Sin Fronteras. Una genial idea que se les ocurrió para ayudar a los refugiados sirios con motivo del día de San Valentín.

En vez de sumarse a la moda de los descuentos, que tanto aparece por Internet, publicaron una foto y decidieron que cada vez que se compartiese la publicación, o la gente le diese a like, donarían 1 € y 10 cent respectivamente. Éxito total, donaron casi 2000€ en 24 horas.

La clave del éxito: posicionamiento

En el apartado económico, la empresa llegará al millón de euros de facturación en 2017. Con una mentalidad Start Up, como relata el CEO Carlos García, detectaron que apenas había mercado en este ámbito, por lo que tuvieron que convertirse en especialistas del marketing para poder sobrevivir. Después de un periodo de rodaje y tras un estudio, dieron con el nicho de mercado claro: público millenial, producto ecológico y free animal. Et voilà; un millón de euros de facturación en un año tras estar en quiebra técnica en noviembre de 2016.

El propio hecho de haber tenido que buscarse la vida con el marketing les hizo expertos en comunicación en redes sociales y sus servicios publicitarios, como Facebook ads, algo que no todas las empresas pueden decir, puesto que externalizan dicho servicio. Se pasan horas al día escuchando al consumidor, analizando los movimientos y el big data para mejorar resultados.

Precisamente, esa presencia en redes sociales es clave teniendo en cuenta que su público objetivo suele ser millenial. Esta es, junto a la transparencia, una de las señas de identidad de la marca, pues su consumidor tiene mucho peso. Es más, son sus clientes quienes hacen la marca. Sin exageraciones.

Economía colaborativa

Sus colecciones, antes de lanzarlas al mercado, las publican en Instagram Stories con un “¿Yes or Not?” para que los fans respondan. Cualquiera puede votar y decidir si el modelo les gusta o no. Así se aseguran que el producto tenga repercusión, lo que a su vez supone una forma de economía colaborativa, puesto que el usuario forma parte del proceso: el producto se ajusta a la demanda.

Así pues, las flam, casi son unas zapatillas hechas a gusto del consumidor, pues tiene poder de decisión sobre los modelos que sacará la marca. Y el claro caso de cómo una empresa joven puede triunfar de la mano de las nuevas tecnologías y siendo responsable con su entorno.

Flamingos’ Life.


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