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Una acusación de corrupción al Gobierno Kirchner provoca la disolución de la principal asociación de periodistas argentinos

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Tras la censura de un artículo de Julio Nudler en el que el periodista acusaba a Néstor Kirchner de haber designado para cargos políticos a personas corruptas, se abrió un intenso debate en ámbitos periodísticos argentinos que ha desembocado en una dura polémica. El caso ha provocado tal enfrentamiento que se ha tenido que disolver la “Asociación Periodistas”, la principal institución de la prensa argentina.

Tras la censura de un artículo de Julio Nudler en el que el periodista acusaba a Néstor Kirchner de haber designado para cargos políticos a personas corruptas, se abrió un intenso debate en ámbitos periodísticos argentinos que ha desembocado en una dura polémica. El caso ha provocado tal enfrentamiento que se ha tenido que disolver la “Asociación Periodistas”, la principal institución de la prensa argentina. El inicio del enfrentamiento tuvo que ver con la denuncia del periodista argentino Julio Nudler contra el director del periódico donde habitualmente escribe su columna, “Página 12”, al que acusó de haber censurado un artículo suyo en el que acusaba de corruptos a diversos cargos políticos nombrados por el presidente Kirchner. Su escrito comenzaba calificando la designación de Claudio Moroni al frente de la Sindicatura General de la Nación como “un acto de grave corrupción”. La protesta tuvo un gran eco en ámbitos periodísticos del país hasta el punto de que la queja fue elevada ante la “Asociación Periodistas”, principal asociación de la prensa argentina, que por sus propios estatutos estaba obligada a involucrarse en todos los casos en que los poderes públicos atenten contra la libertad de expresión de un periodista, directa o indirectamente. Esta asociación, en cuyo seno convivían muchos profesionales de los medios de comunicación más afines al Gobierno de Néstor Kirchner —entre los que se encontraba el director de “Página 12”-, convocó una reunión extraordinaria en la que se abrió un gran debate. Por un lado, se manifestaron los que calificaban los hechos como censura y, por otro, los que hablaban más bien de una legítima decisión acorde a la política editorial de la cabecera. La controversia se saldó con un comunicado oficial que en el que se decía: “[la actuación de “Página 12”] no constituyó un episodio de censura, sino que se encuadra en la dinámica de las habituales relaciones entre un periodista y su editor”. Este posicionamiento tuvo como consecuencia la dimisión de ocho periodistas de la asociación, a los que posteriormente siguieron dos más. A los pocos días, los miembros que quedaban en la “Asociación Periodistas” emitieron un segundo comunicado en el que anunciaban el fin de la más prestigiosa asociación de la prensa argentina: “Periodistas no nació para perder el tiempo en luchas internas —que no habían existido hasta ahora- sino para la defensa de la libertad de expresión en la Argentina. Entre el riesgo de enfrascarnos en esa clase de discusiones permanentes y la desaparición, elegimos ésta última alternativa como homenaje a nuestra propia historia”. Hay que destacar que las dos principales cabeceras de Argentina, el diario Clarín y La Nación, se mantuvieron hasta el último momento al margen del debate y no publicaron una sola línea sobre el tema, hasta la posterior disolución de la Asociación. Algunos profesionales de los medios locales han interpretado este silencio como una estrategia de defensa para evitar verse salpicados por el fondo del asunto: la posible connivencia entre algunos directores de periódicos y el actual Gobierno argentino.