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“Antonio cogió su mochila”. Pasó años en pro de que alguna administración le facilitara el concentrador de aíre portátil que necesitaba para vivir

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Antonio, un personaje andaluz, una persona, que sobrepasaba los cincuenta con poco, un hombre del sur, que sirvió a la sociedad mientras pudo, de una de las formas más nobles que existen, hombre alegre como pocos, y jubilado, no por quererlo, eso es cuanto puedo contar de él, dado lo tarde que nos conocimos,  las veces que hablamos, y lo que alguien me había contado de él. 

Antonio, sufría una de esas enfermedades raras, o no tanto, a saber, padecía fibrosis quística pulmonar, (enfermedad pulmonar obstructiva crónica). Pero era un luchador, como pocos, nunca se rindió, ni ante el color verde, ni ante el rojo, ni siquiera ante la cerrazón de los poderes públicos, que muchas veces, no alcanzan a comprender que lo que se dirime con sus decisiones, con sus resoluciones son vidas de personas, y la calidad de esas vidas. 

Cuando conocí a Antonio, me lo presentaron, y quería que diera a conocer su problema a los medios, dado que de vez en cuando ejerzo en esas lides, y en espera me he quedado que Antonio me documentara el asunto, aunque algo me ha dejado hecho ya. 

Antonio ha pasado no poco tiempo, años, en pro de que alguna administración, la del Estado, la Autonómica, la Local, o su seguro social, le facilitaran el concentrador de aíre portátil, que procura una independencia y calidad de vida al sujeto que lo porta, ya que de otra manera, debe de estar “condenado”, a permanecer casi permanentemente en el domicilio con la botella de oxígeno. 

Luchó lo indecible con ISFAS, para que le proporcionaran la dichosa mochila y su mantenimiento. Hace un par de meses hice el cálculo sobre el asunto y ronda unos 500 €/mes, con lo que con una pensión difícilmente se le pudo sufragar, las demás entidades oficiales tampoco se hicieron mucho eco del asunto, pero Antonio, sabía que en la Comunidad Autónoma de Murcia, se otorgaba el derecho a la mochila y al mantenimiento. 

Aquí ya se sabe, barremos para “afuera de casa”, no podemos costear un tratamiento para quien dio todo por la sociedad, pero nos gastamos lo indecible en una operación de niñas siamesas del otro lado del océano, o una pasta gansa en una prueba de clavícula, para ver si un puñetero pirata es o no mayor de edad, y así poder tratarle con la benevolencia que requiera el caso.  

Aquí nos gastamos 100.000 euros para que unos cuantos celebren su día mas “orgulloso”, o les damos a otros orgullosos del hemisferio sur, otros 30.000, para que desarrollen sus programas, y vaya por delante que quien escribe no tiene ninguna disposición contra  la gente “orgullosa”, al contrario, tengo amigos, muy “orgullosos”. 

Aquí siempre valoramos más lo que viene de fuera, lo que se sale del sentido común, y no agradecemos a quien nos sirvió durante años con denuedo. 

Pero al final Antonio, no sé cómo, cogió su mochila, hacía tiempo que no sabía de él, y  pensaba que era por el trabajo que estaba dándole la documentación del asunto para transmitírselo a la sociedad, pero no era así. Antonio cogió su mochila hace cosa de un mes no sé como la consiguió, y la utilizó para lo mejor que le pareció, se fue a recorrer otros mundos, para olvidarse de este tan ingrato. 

Antonio Medina, murió el pasado día 29 en su Cádiz, cogió su mochila y se marchó, con su entrecortada respiración y su andar cansino, el fue Guardia Civil, padre de familia y hombre afable, como pocos.

Te marchaste de excursión Antonio, y nos dejaste con las ganas de conocerte, de ser más tus amigos, dejaste familia, y amigos, aún a costa de tu vida, de la última gota de tu sangre, pero que conste una cosa, al final, ganaste la batalla, cogiste tu mochila. 

Adiós Antonio, reza por nosotros.

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