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Autoescuelas, usos y abusos. Sacarse el carnet de conducir es un verdadero negocio

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Mi hijo acaba de cumplir 18 años, y parece que es obligatorio obtener el permiso de conducción, que te permite matar legalmente, o en el peor de los casos, suicidarte.

          La “broma” me ha costado cara: casi dos mil euros. Y no es que el chico sea zote, ni mucho menos, pues ha aprobado a la segunda convocatoria, y no ha habido que renovar papeles. Nuevo expediente por el que Tráfico cobra 89 euros, pero la mayoría de los autoescuelas 300… Algo francamente curioso.

          Como sorprendente es, también, que cuando vas a preguntar a ese negocio llamado autoescuela –y ese sí que es un verdadero negocio-, intenten engatusarte diciendo que con ochocientos y pico euros, y si no es tonto del todo, tu hijo tendrá el carnet en su bolsillo. Luego te explican, todo de forma sucesiva, eso sí, para que vayas entrando por el tubo, que con las diez horas de prácticas a que tienes derecho por el importe de la matrícula, es imposible aprobar, y que es absurdo ir al examen sin hacer más horas.

          Horas que en la vida normal son de sesenta minutos, pero que en las autoescuelas son de cincuenta, como mucho, y eso cuándo el profesor no tiene que hacer recados o gestiones varias, que realiza tranquilamente, mientras el alumno permanece en el coche, pero eso sí, pagando por la “clase”. O que te cobren cincuenta euros por acompañarte en el examen práctico, cuándo es obvio por la normativa de Tráfico que tiene que estar a tu lado el profesor, que para eso los coches llevan doble mando…

          En resumen, un auténtico engaño, dicho sea sin paliativos.

          La matrícula en el primer curso del Grado de Derecho en la Universidad de Zaragoza, me ha costado unos mil euros, mientras que el carnet de conducir, obtenido con dos ó tres semanas de dedicación, ha supuesto el doble. Si a ustedes les parece justa esta ecuación, a mí no.

          Y no me refiero a los niveles de los profesores universitarios, o de un profesor de autoescuela, con todo respeto hacia ellos, faltaría más, que mi hermano y sobrino lo son, pero como dicen los gallegos, amigos somos, pero la vaca por lo que vale. Pues eso, que no son términos de comparación similares, ni mucho menos.

          Soy consciente de que las autoescuelas son empresas privadas, que no reciben ayuda pública alguna –sólo faltaría-, que tienen que comprar coches, gastan abundante gasolina o gasoil, seguros, etc., pero siguen sin salirme las cuentas.

          No me extraña que la gente no se saque el carnet de conducir, A los precios prohibitivos que está, y mientras la economía siga en caída libre, cada día serán menos los alumnos de las autoescuelas. ¡Qué al fin y al cabo, hay abundantes medios públicos de transporte!

          Resumiendo: todo sector que está intervenido o controlado por el gobierno tiende a elevar sus precios, muy por encima del IPC o del coste del bien o servicio que se suministra. ¿Por qué? No lo se, pero constato que es una realidad empírica.

          Por no hablar, que también, del dudoso encuadre de los profesores de autoescuela como autónomos, cuándo la mayoría de ellos lo que realmente son es empleados por cuenta ajena, con derecho a salario fijo y a cotización por el régimen general, no a estar en autónomos y cobrar solamente por las horas trabajadas, con lo cual la empresa no asume riesgo alguno.

          Ya sólo me falta saber si las secretarias son becarias en prácticas, que encima pagan por aprender…

Ramiro Grau Morancho

Abogado, Profesor Universitario de Derecho y Académico Correspondiente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación.

“Somos
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