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La guindilla

Grandes editores españoles, que hoy no publicarían a Proust, Baroja, Unamuno y tantos otros, según el certero diagnóstico de J. P. Quiñonero

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El periodista y escritor Juan Pedro Quiñonero mantiene, desde hace un tiempo, uno de los blogs más interesantes y afinados de la blogosfera hispana.

El periodista y escritor Juan Pedro Quiñonero mantiene, desde hace un tiempo, uno de los blogs más interesantes y afinados de la blogosfera hispana. Su nombre es el del libro de Rimbaud: "Una temporada en el infierno" (http://www.unatemporadaenelinfierno.blogspot.com). En una anotación reciente, Quiñonero sigue la estela de los editores Jaime Salinas y Jorge Herralde, que ya en su día dijeron que Proust y Joyce, de enviar hoy sus manuscritos a una editorial, jamás conseguirían su publicación. Por este camino, Quiñonero señala otros "clásicos impublicables": La montaña mágica de Thomas Mann, Camino de perfección de Pío Baroja, Rayuela de Cortázar, El hombre sin atributos de Robert Musil, Paradiso de Lezama Lima, La copa dorada de Henry James… y otros muchos, entre los que, por supuesto, se incluyen el Ulises de Joyce y En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust. Hay otros escritores de hoy que también se han preguntado en los últimos tiempos esa pregunta tan actual: ¿qué pasa con la buena literatura? Y, más concretamente: ¿qué pasa con las buenas novelas? Se publica mucha novela que a los tres meses se devuelve para hacer con ella pulpa de papel. Mientras, triunfan subproductos como Dan Brown o las últimas irreflexiones de personajes televisivos. Ante la evidencia de que editoras poderosas pueden vender, literalmente, el título que les apetezca vender, en una época tan propensa a la lectura como es el verano, habrá que preguntarse qué se está haciendo para haya una continuidad en la lectura de los clásicos y en la publicación de literatura con un mínimo de rigor y aspiraciones. Del actual Ministerio de Cultura no puede esperarse demasiado. Y la guindilla va a la iniciativa privada de esos editores que, perdidos en la pléyade de sus múltiples negocios, han olvidado su vocación primera.