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La guindilla

Paulo Pinheiro, representante de la ONU que promueve una insólita “democracia” familiar y escolar: papá Estado vela por los niños

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Vaya por delante que no hay nada que objetar (todo lo contrario) a esa lucha decidida que es preciso emprender (y de manera más coercitiva, si cabe) contra la violencia infantil en el mundo.

Vaya por delante que no hay nada que objetar (todo lo contrario) a esa lucha decidida que es preciso emprender (y de manera más coercitiva, si cabe) contra la violencia infantil en el mundo. Es algo en lo que todos los estamentos sociales deben profundizar sin más tardanza. Pero de ahí, a propugnar una singular “democracia familiar”, va un trecho. Paulo Pinheiro trabaja en estos temas para Naciones Unidas desde su despacho en Ginebra. Y va diciendo por ahí que los países europeos deben prohibir totalmente el castigo físico a los niños, que la democracia –dice- debe llegar a la familia y a la escuela. “Llevo 30 años en Europa (Pinheiro es brasileño) y a veces, dando un paseo, escucho el ruido de una bofetada de un padre a su hijo. Nadie protesta. La gente cree que puede hacer lo que quiera con los niños”. No, señor Pinheiro, claro que no. Los padres no pueden educar a sus hijos y menos, levantarles la mano. El Estado, sí. El Estado debe hacerlo todo: instruir, castigar al papá malo que no le da a su niñito todo lo que quiere, decir donde está el bien y dónde está el mal (la televisión, por ejemplo, ya los adoctrinará en lo correcto), perseguir –hasta encerrar entre rejas- al cavernícola con pantalones que ose dejar sin fin de semana al adolescente que fuma porritos… Inaudito. Es evidente que hay que perseguir a los progenitores que todo lo resuelven por la tremenda, ayudándoles a descubrir que ese no es el mejor camino, que no todo se consigue con correctivos, que es mejor incentivar. Pero atención a los “orwellianos” como el señor Pinheiro, que todo lo entienden en esa clave socializadora que se empeña en alienar todo lo que parezca privado. Entran escalofríos de sólo pensar lo que insinúa el experto llegado de Brasil. Guindilla estimuladora para mister Pinheiro.

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