Viernes 09/12/2016. Actualizado 11:43h

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La guindilla

A Riccardo Bocca, periodista italiano que se confesó ‘de mentira’ con decenas de sacerdotes para elaborar un reportaje con los consejos recibidos

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El caso no deja de resultar sorprendente… y bochornoso. ¿A dónde está dispuesta a llegar la clase periodística por lograr notoriedad, una portada y un puñado de euros? Es una pregunta de difícil respuesta pues abundan estos casos de ‘pillaje’ informativo. Basta tirar de hemeroteca para recordar aquel tabloide británico que disfrazó a un ‘plumilla’ de jeque árabe para obtener la confianza del seleccionador británico y obtener valoraciones realizadas en privado sobre sus jugadores, que fueron después publicadas para mayor gloria de la cuenta de resultados del rotativo sensacionalista. Una periodista de El Mundo TV también fue capaz de hacerse pasar por aspirante a reina de la belleza en un certamen nacional para comprobar si se podían comprar los títulos. Hace unas semanas, una cadena de radio introdujo a un periodista camuflado en una conferencia privada que pronunció el presidente del Real Madrid, Ramón Calderón, y sus palabras fueron difundidas. ¿Qué une a todas estas prácticas? La quiebra de uno de los pilares de la sociedad que es la confianza mutua. La mentira es tan dañina porque se lleva por delante la base que posibilita cualquier género de convivencia. De hecho, a día de hoy, un juez jamás admitirá en un juicio como prueba unas grabaciones obtenidas ilegalmente. ¿Por qué? Porque es extremadamente grave atentar contra la intimidad y la inocencia de las personas por más loable que sea el fin que se persiga. Guindilla al periodista tramposo.