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Ahora soy franquista

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Sí, allá en los años setenta del siglo pasado, me declaraba, sin rubor y sin conocimiento, democrático

Sí, allá en los años setenta del siglo pasado, me declaraba, sin rubor y sin conocimiento, democrático.   Llegó la democracia a España, y poco a poco fue convenciéndome que el divorcio era democrático; luego me convenció que el aborto también era democrático; como democrática es la homosexualidad, la eutanasia, la igualdad entre la opinión de una mente superior y la de un gañán; la igualdad entre el Bien y el Mal. En fin, tras treinta años de gozar los placeres de la democracia, he llegado a la conclusión democrática que más vale la opinión de cien estúpidos que la de una persona inteligente; y por supuesto, una mentira repetida cien veces es verdad.   También he aprendido gracias al sistema democrático que nos hemos dado a nosotros mismos, que los medios de comunicación son unos poderosos impositores de ideas; he aprendido que una de las carreras con más futuro es la de publicista; he aprendido que lo único que es bueno y digno de ser tenido en cuenta es lo que los publicistas nos presentan como tal; he aprendido que la posesión de un medio de comunicación, así como el pago del servicio a los publicistas tiene un costo que el normal de los mortales no puede ni tan siquiera soñar en alcanzar; he aprendido que la gente, los compradores, los votantes... eligen aquel producto que mejor campaña publicitaria tiene. He aprendido, en fin, que la gente no es libre sino esclava; que la gente hace, come, viste, vota... lo que le dice el poderoso; y lo que es peor, he aprendido que el poderoso es total y absolutamente perverso.   Ahora, el Parlamento euro-peo; esa institución democrática en la que los políticos han metido a España con calzador y contra todo sentido histórico; esa institución que, curiosamente, no ha sido elegida democráticamente, ha formulado una declaración contraria a D. Francisco Franco.   Decididamente, la democracia me ha convencido. Yo, que jamás lo he sido, me declaro profundamente franquista, aunque sólo sea para marcar distancia con la iniquidad, con el asesinato de neonatos y demás barbaridades propias del sistema.   Lo que espero es que el sistema, culpable del genocidio cometido sobre millares de neonatos; culpable de una Guerra Civil acaecida en 1936, en cuyo bando vencedor, sin lugar a dudas hubiese militado con orgullo, acabe ocupando con mis huesos, las cárceles que sus íntimos, los terroristas, están desocupando.

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