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Amor de madre

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Después de la alegría por la infanta doña Leonor, presentada ya en público, leo en un blog digital, la impactante afirmación de Carmen Sánchez: “Yo aborté dos veces, a los 19 y a los 21. Hoy en día me arrepiento. Voy a ser madre y tengo miedo que ahora sea Dios quien me quite este bebé. Me arrepiento por lo que hice, porque no quitas una vida, te quitas tú una parte de tu vida ..., no lo hagan”. Pienso que el amor maternal no lo apaga ni la muerte, que es eterno. A un hijo, no se le olvida jamás. Las madres a las que no se les ha embotado el corazón, encuentran siempre motivos para luchar y para vivir; las dificultades no liquidan nuestra felicidad ni el amor maternal ni el empeño para sacar adelante a nuestros hijos. ¿Podríamos narrar nuestra experiencia? “Hay que vivirlo”, como decía doña Leticia Ortiz al salir de la Clínica Ruber. Sí, los labios no pueden expresar la hondura del sentimiento maternal. Cuando la mujer aborta, si tiene un mínimo de humanidad, le pesa, como a Carmen, máxime si conoce la realidad de que los fetos son niños muy pequeñitos y con sensibilidad al dolor. En Australia, el Consejo Nacional de Investigación Médica y de Salud, exige la utilización de analgésicos para los fetos de animales. Hoy se pueden observar las reacciones del nonato ante las sensaciones de dolor y de miedo: al alcance de los investigadores están la fibra óptica, el ultrasonido, electrocardiogramas, etc. No hace mucho, la prestigiosa revista médica The Lancet, de Londres, reveló que en los fetos se producen reacciones hormonales de stress, por lo que se recomienda la utilización de analgésicos cuando se les practica la cirugía. También la recomiendan los asesores científicos del Consejo Médico Federal de Alemania. Hay estudios que fijan la percepción del dolor en el feto humano, a partir de las diez semanas, siendo más intenso aún que en un adulto, desde las veinticuatro. ¿Por qué no se lo explican a las madres en las clínicas donde se aborta?