Jueves 08/12/2016. Actualizado 18:06h

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Andamios: ¡Anda, míos!

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Aunque ‘andamios’ y ‘animados’ tienen las mismas letras, lo cierto es que los andamiajes se mueven muy poco.

Los andamios nacen, crecen, se instalan y tardan en desaparecer. ¿Se han fijado en cuántos andamios ocupan nuestras calles durante largos períodos de tiempo? ¿Han observado que incluso instalan publicidad aprovechando nuestras fachadas?

En el breve intervalo de unos años hemos debido pintar la madera exterior y repasar las plaquetas de la fachada. Ambas obras han requerido de andamiaje. En las dos ocasiones, la obra propiamente dicha ha durado apenas unas horas, menos de una jornada laboral, pero los andamios nos han estado rondando por las distintas fachadas por más de… dos meses.

El reparto del tiempo es así: Un día para descargar el material, dos días para elevar el armazón, un mes de estancia para que te enteres de lo que te va a costar, unas horas de obra, otro mes para encontrar nueva ubicación, dos días de desmontaje y otro día para llevárselo. Total: Caro (parece que lo hemos comprado y no sólo alquilado), inseguro (cualquier intruso puede escalar de día o de noche) y molesto (no porque se vean obreros trabajando, que no los hemos visto, sino porque arruinan la luz, el sol y las vistas).

Aún comprendiendo el instinto de hiedra que llegan a desarrollar los andamios y su anhelo de apego parásito hacia nuestras viviendas, ¿por qué no inventan un sistema más rápido o se buscan un almacén de andamios?