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Carta a Ana Mato

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Sra. Ministra Ana Mato:

Las informaciones que se han producido estos días en relación con su persona, así como su trayectoria de más de un año al frente del Ministerio responsable de los Servicios Sociales, nos lleva a dirigirnos a usted pidiendo de manera enérgica su dimisión. Es la primera vez que nuestra Asociación se dirige en estos términos a un responsable político, pero la gravedad de la situación nos anima a ello y, quizás en un arrebato de ingenuidad, confiamos en que usted misma entienda que su situación al frente del Ministerio es insostenible y, sobre todo, que supone una innecesaria y cruel afrenta a miles de ciudadanos que están sufriendo esta crisis con especial intensidad. Su dimisión, señora Ministra, sería una gota de dignidad en medio de este mar de tropelías, sospechas y evidencias de deterioro de la vida pública. Tenga la seguridad de que nuestra Asociación reconocería en lo que vale un gesto así.

Los motivos por los que solicitamos su dimisión se resumen en los siguientes:

1º.- El continuo deterioro de las políticas sociales del Ministerio, desde que usted es su responsable. En este año y medio hemos asistido a continuos y graves recortes en materia de Atención a la Dependencia (el principal avance de las últimas décadas en materia de protección social), a la reducción del 66% del presupuesto del Plan Concertado de Prestaciones Básicas de Servicios Sociales de Corporaciones Locales, y el anuncio de su próxima extinción total, y a la supresión de la financiación de los servicios de teleasistencia por parte del IMSERSO en todo el territorio, a la paralización de las medidas de reorganización de la atención a las personas sin hogar..., entre otras medias especialmente lesivas para el sector. Pero es que, señora ministra, en este año largo de su gestión en el Ministerio, no puede exhibir ni un avance, siquiera uno, por mínimo que sea, en el desarrollo de las políticas sociales. Y lo que es más grave, su continuidad está ligada a la sospecha de que aún no ha finalizado esta trayectoria demoledora de las políticas sociales, cuando la ciudadanía más las necesita. Así por ejemplo, el desmontaje casi total del Sistema de Atención a la Dependencia, en aras de los seguros privados, es ya un secreto a voces. En toda la trayectoria democrática de nuestro país, ya desde finales de los años 70, ningún ministro del ramo ha llevado a cabo una labor tan destructiva como la que usted está desarrollando. Por eso, por los servicios sociales, por los/as ciudadanos/as que tanto los necesitan, dimita usted, señora Ministra.

2º.- Su absoluta falta de sensibilidad social. Quizás le pueda parecer irrelevante esta observación, señora Ministra, pero en los trece meses que está usted en este cargo, nadie ha visto en usted un gesto de sensibilidad, de interés humano sincero, hacia ningún tema social. Más allá de las visitas y los discursos institucionales a los que el protocolo le obliga, aún estamos esperando de usted unas palabras en tono humano, un mensaje que podamos sospechar que nace de usted misma y no de lo que le han escrito sus asesores, dirigido a las personas más necesitadas. No la hemos visto acercarse a ellas fuera del estricto protocolo, no tenemos noticia de que se haya acercado a ellas para escuchar, de primera mano, su situación. Como decíamos, quizás desde su concepción personal o desde su perspectiva política, todo esto le parezca irrelevante. Ese es el problema. Pero en momentos como los actuales, quienes estamos en contacto con las personas que acuden a los servicios sociales podemos asegurarle que una muestra de sensibilidad por parte de los responsables institucionales, sería para ellos al menos una muestra de interés que, hoy por hoy, no ven; al menos en usted.

3º.- La mala imagen de sus relaciones familiares, de alguien que está al frente de un Ministerio que tiene en la Familia una de sus principales referencias. Señora Ministra, el hecho de que frente a las acusaciones que se le formulan de recibir dinero o regalos por parte de tramas presuntamente corrupta, usted se defienda alegando desconocimiento de todo lo relacionado con sus esposo y con sus finanzas familiares, no es el mejor ejemplo de vida familiar. No hay una sola persona en este país que entienda que una esposa no pregunte absolutamente nada a su marido, cuando éste llega a su garaje con un deportivo de lujo; ni que no se entere de quien ni como paga los gastos, en ocasiones faraónicos, de sus fiestas o viajes personales o familiares. Si esa es la imagen de vida familiar que usted exhibe, piense por un momento qué va a decir usted cuando tenga que referirse a la importancia de la vida familiar. Por si en este año de Ministra aun no lo ha aprendido, o por si no se lo han sabido explicar sus asesores, la familia, junto al entorno social, son las principales referencias de la convivencia personal y de la integración social. En definitiva, señora Ministra, familia y servicios sociales son dos realidades intrínsecamente relacionadas.

4º.- El escandaloso derroche que han supuesto algunos de los "caprichos" de su vida personal o familiar que hemos conocido estos días, a partir de informaciones policiales (que la prensa se limita a difundir), que suponen una auténtica ofensa a la inmensa mayoría de quienes tienen que recurrir a los servicios sociales. Estos días son muchas las personas que, cuando acuden a los servicios sociales, se desahogan haciendo cálculos de cuantos meses podrían sobrevivir con el gasto que usted ha realizado en globos o confetis en algunas de las fiestas infantiles que organizaba para sus hijos/as ¿Puede imaginar su indignación? ¿Cómo cree que se toman, después de saber estos lujos, las personas a las que usted ha decidido recortar un 15% en las prestaciones económicas que reciben por cuidar a un familiar gravemente afectado en su dependencia? ¿O aquellas a quienes han quitado la teleasistencia tan necesaria para su seguridad? Piénselo, señora Ministra.

5º.- Las fundadas sospechas que le relacionan con pagos o regalos por parte de ramas corruptas. Ya sabemos que hasta tanto la justicia no dictamine su culpabilidad, debe ser usted considerada inocente de estas acusaciones. Pero no es menos cierto que se trata de acusaciones muy directas, de especial gravedad, que hacen referencia a hechos que se prolongan en el tiempo, y que son tan fundamentadas como que provienen de fuentes policiales perfectamente identificadas y justificadas. Comprenderá usted, señora ministra, que aunque legalmente siga usted pudiendo alegar su inocencia, tales pruebas hacen muy difícil su continuidad al frente a un Ministerio que se ocupa de los servicios sociales, y más en los momentos actuales en los que las personas que más están sufriendo los efectos de la crisis, si algo necesitan de las instituciones es confianza y credibilidad. Algo que usted no tiene, en absoluto. Compréndalo, señora ministra.

Quizás porque nuestra labor en los servicios sociales nos obliga a ello en todo momento, siempre confiamos en las personas, en todas las personas, y en su capacidad de superación. También en usted, señora Ministra, y a riesgo de que muchos se mofen de nuestra ingenuidad, nosotros confiamos en su capacidad de superación. Déjenos en buen lugar, señora Ministra; sorpréndanos con ese arrebato de dignidad, y dimita. De verdad que en el momento actual, su gesto sería recordado como una gota de dignidad en medio de un océano de desvergüenza. Vale la pena.

Presidente Asociación de Directoras y Gerentes de Servicios Sociales de España.

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