Lunes 05/12/2016. Actualizado 16:38h

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La voz del lector

Comunicándonos por quintuplicado

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El término ‘comunicar’ recogía hasta hace pocos años, un solo sentido como verbo transi­tivo: ‘Fulano comunica algo a Mengano’. Hasta ese momento, comunicar requería al menos dos personas,… y un medio de transmisión. Pero después surgió la modalidad in­transitiva, sin necesidad de complemento directo ni indirecto, aceptándose por ejemplo: ‘Fulano comunica bien’. Incluso se emplea como verbo reflexivo: ‘Fulano se comunica bien’ (indicando que sabe comunicarse). Parecía que no cabían más desarrollos para este vocablo cuando alcanzó la categoría de tridimensional. El concepto de ‘comunicación’ (común i acción) era demasiado prodigioso y poderoso para no continuar creciendo. Una misteriosa ‘cuarta dimensión’ apareció y parecía definitiva, la voz pasiva: ‘De­jarse comunicar por otros, por la familia, por las amistades, por el entorno’. Los gurús explican a directivos en costosísimos cursos que, en esta acepción, estriba el éxito empresarial, en aceptar la comunicación que proviene del mercado, en ‘escuchar’ a la demanda, a la clientela, al público. Pero todavía queda una quinta dimensión, la autorreflexiva: ‘Cómo se comunica cada uno consigo mismo’. El polimorfismo de la comunicación se ha despiezado, y puede centrarse en quien comunica o en quien escucha, que además pueden ser la misma persona. Cada uno de nosotros, en cada instante, ‘se cuenta lo que le pasa a su modo’. La comunicación, que se sobreentendía siempre como interpersonal, alcanza su mayor repercusión cuando es intrapersonal. La forma de interpretar las circunstancias de la vida, la calidad de esa intracomunicación, puede ser más significativa que las propias contingencias sufridas. Un mismo fracaso objetivo puede ser sentido como un estímulo o como un lastre; o un mismo éxito parcial, puede actuar de forma variable, en función de cómo se comunica a uno mismo. Examinémonos: ¿Comunicamos bien lo que queremos expresar?, ¿comunicamos acertadamente?, ¿nos comunicamos debidamente?, ¿nos dejamos comunicar?, y especialmente ¿nos comunicamos correctamente con nosotros mismos? Recordemos que ‘por la boca muere el pez’, y que con una entrenada y quíntuple capacidad de comunicarnos podremos mejorar sustancialmente nuestras vidas.