Lunes 25/09/2017. Actualizado 14:32h

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La voz del lector

Cuarenta años no es nada... ¿o quizás demasiado?

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15 de junio de 1977, día de las primeras elecciones democráticas en España, tras la muerte de Franco. Me quedan menos de seis meses para cumplir dieciocho años, pero ni así podría votar en ellas… ¡exigen 21 años cumplidos!. Mi abuelo me habla de los recuerdos que tiene de las últimas en las que él votó, en febrero de 1936 …¿cómo se puede acordar de algo que sucedió hace cuarenta años?. Y de repente, con esos pensamientos en la cabeza, me reconozco a 15 de junio de 2017.

Han pasado otros cuarenta años y ahora comprendo como él mantenía frescos en su cabeza, en 1977, los recuerdos de 1936; son cosas de la edad y de la relatividad del paso del tiempo. De aquellas elecciones de 1977, aún recuerdo las melodías que sonaban en los actos políticos de la época, liderados por “Jarcha” y su “Libertad, sin ira” e, incluso, algunos de los carteles de campaña, con mención especial para el estilo “naif” que, acertadamente, supo utilizar el PSOE. Si algo resume aquellos años era la palabra ilusión, la de quienes éramos más jóvenes, por sentirnos parte protagonista de los nuevos tiempos que venían …¡que ya estaban allí, empujando a los pasados!, y la de los más veteranos por haber sido capaces de volver a ver unas elecciones democráticas en España.

Hoy, vivido lo vivido, y sucedido lo sucedido, tenemos matices para todo, y cada uno tendrá su calificativo, más allá de los errores que se han cometido y los aciertos, con seguridad, menos de los que soñábamos en aquel burbujeante inicio. Pero en una efemérides cómo hoy, seria bueno intentar recuperar el espíritu de consenso vivido entonces y renovar nuestras ilusiones, porque, a pesar de todo, otra realidad es posible y como dijo Winston Churchill: “…la democracia es el menos malo de los sistemas políticos”. En este momento, mi generación, y yo, somos quienes hablamos de lo ocurrido hace cuarenta años, y nuestra mejor contribución será mantener las bases para que nuestros nietos, y sus padres, pueden hablar libremente de lo bueno y malo sucedido en España, de aquí a 2057, dentro de otros cuarenta años.

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