Sábado 03/12/2016. Actualizado 01:00h

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Culpable: el sistema

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Si a un terrorista le estalla la bomba que va a colocar y se le va la vida, sintiéndolo mucho, no lo lamento, y ruego que siempre, a todos los terroristas, les suceda lo mismo.

Si a un terrorista le estalla la bomba que va a colocar y se le va la vida, sintiéndolo mucho, no lo lamento, y ruego que siempre, a todos los terroristas, les suceda lo mismo.

El pasado domingo, una turba de cachorros del sistema democrático, conocidos por sus continuas grescas y amenazas, atacaron a un joven pacífico (que no pacifista), que tuvo la desgracia de viajar en el mismo vagón de "metro" de Madrid.

La desgracia que tuvieron estos siervos-víctimas del sistema es que el atacado, que por supuesto también es víctima del sistema, tiene la virtud de no ser siervo del mismo, motivo por el que supo responder virilmente a la agresión de que era objeto, resultando que los agresores salieron con el rabo entre las piernas y con uno de ellos, pobre chico a la postre, lamentablemente muerto.

Hasta aquí el relato de un hecho lamentable de cabo a rabo; hecho del que es único responsable el sistema; un sistema que ha llegado a la anulación total de la libertad, en el que la falta de respeto es un derecho adquirido y en el que la libertad y la dignidad son lacras que deben ser perseguidas.

Hasta aquí el relato, sí, pero a partir de aquí el relato de lo que un estado opresor es capaz de hacer. Un estado opresor es capaz de vigilar todas las estancias; es capaz de grabar en vídeo todos los hechos. y es capaz de ocultar esa información; es capaz de mentir para beneficio propio. como es el caso.

Ese estado opresor y los medios "de comunicación" que lo sustentan, y en concreto el periodista Federico Jiménez Losantos, han querido utilizar esa agresión de sus cachorros como arma arrojadiza contra quienes denuncian las injusticias del sistema, y no han dudado en convertir al agredido en "una banda de extrema derecha", ni han escatimado medios para representar su teatro, llevando un hospital de campaña al lugar donde un solo hombre fue capaz de frenar el ataque de una banda de delincuentes.

La muerte de ese pobre chico, no nos olvidemos que agresor y no agredido, es lamentable, y el único culpable: el sistema que lo ha conformado.

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