Martes 06/12/2016. Actualizado 01:07h

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La voz del lector

Derecho a estar informados y a expresarse libremente

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Cuando a alguien no le gusta una determinada información, puede cambiar el dial, leer otro periódico (digital o impreso) o ver otra cadena de TV. Personalmente detesto los programas calificados de telebasura, donde se persigue con una alcachofa a famosos por aeropuertos, se meten 15 personas en una casa para ver si hay peleas o amancebamiento, o se confiesan ante una presentadora las miserias de su familia o pareja, con fines lúdicos o lacrimógenos. Pero aunque no me guste, tenemos esa libertad de elegir. En cierta manera, es más importante el hecho de poder elegir que el contenido en sí mismo. Con la información política ocurre lo mismo. Puedo sentir que determinados opiniones de medios de comunicación, ejercen en mí un efecto similar a la telebasura y en un ejercicio de empatía, aceptar que otros tengan un sentimiento paralelo al mío. Lo que en ningún caso es aceptable es que los reguladores recriminen a los medios de información, especialmente cuando no dicen lo que les gustaría escuchar. Yo escucho la COPE, aunque hoy en día, corres el riesgo de que un sector - que últimamente incluye a la política - te estigmatice por ello como si cometieses actos de canibalismo. La considero de los pocos medios que hoy en día, se atreven a criticar rotundamente la inconstitucionalidad del Estatuto de Autonomía y analizar lo que se pretende con ello. También valoro su apoyo a las víctimas del terrorismo, tras el ninguneo al que se han visto sometidos por el gobierno. De igual manera, me identifico con su apoyo a la libertad religiosa y de elección de centro educacional, así como su defensa de la familia y el matrimonio, al menos, en la forma en que la hemos conocido en los últimos milenios en Occidente. En una semana, hemos asistido a una crítica de manera orquestada, por políticos y medios informativos. Varios han sido los hechos: De forma inédita en nuestra democracia, un ministro - el cordobés Montilla - ha criticado con nombre propio a un medio de comunicación. El Consejo Audiovisual Catalán ha decido ver si se infringe la Constitución por parte de esta cadena. El Periódico de Cataluña, ha dedicado un libelo monográfico contra la COPE tachándola de "inquisición". Bargalló, también ha acusado a la COPE de mentir. Incluso se ha detectado el envío de correos electrónicos desde la Generalidad, a patrocinadores de dicha cadena, pidiéndoles que dejen de anunciarse en dicha casa. Cada uno elige un medio de comunicación, de acuerdo a sus gustos o ideas. Tan libre como elegir un coche o un color. Si se infringen determinados derechos constitucionales, como el derecho a una información veraz, existen los tribunales para dirimir los posibles conflictos. Pero en ningún caso, se puede permitir la cacicada del intervencionismo de los poderes públicos en los medios de comunicación, si sus contenidos no son plato de gusto del poder. De igual manera, también existe un derecho que sí se quiere vulnerar en este caso: el de la libertad de expresión que afecta a esta cadena y a todos los oyentes que eligen su frecuencia para estar informados.